¿Cómo podrías poseerme?

¿Cómo podrías poseerme?

Es cuando tu aliento besa mis mejillas, que emerge el recuerdo de las brisas del otoño que deshojan cien mil árboles.

Es cuando tu sonrisa conquista mis ojos, que me pierdo en el sueño mágico del eterno amor.

Es cuando tus caricias pulen mi piel de las rispideces del amor mal entendido, que imagino la luna caer y el sol apagarse, mas tu luz radiante regenerarme.

Es cuando tus labios gesticulan mi nombre, que siento abrirse las puertas del Edén donde infinitas rosas embriagan el aire.

Es cuando me postro sobre tu cuerpo esculpido por los dioses, que se desbocan mis caballos de la pasión, y galopan desaforados por la arena de tu piel.

Es cuando evoco tu belleza, que mi corazón se atora en mi garganta con ansias de abandonar el pecho para echarse a volar.

Es cuando despojo el velo de tu rostro, que soy hechizado por tus dos perlas negras, y caigo de rodillas a tus pies, inclinando mi cabeza al sable de tu amor.

Es cuando caigo en tus brazos, que la entrega se apodera de mi alma, y pierdo el control de los sentidos del mundo para hundirme extasiado en tu pecho.

Es cuando veo caer tu cabello sobre tu espalda desnuda, que comprendo la sed del sediento en el desierto de la desesperación.

Ella me dijo: ¿cómo podrías poseerme, valiente caballero de armadura encrespada, sin librar una batalla contra ti mismo? ¡Oh! Tú, que has recibido tantas heridas como estrellas hay en el firmamento, ¿cómo podrías poseerme sin el temor de ser herido por amor? ¿Acaso no te das cuenta de que el sol está celoso de tus deseos de conquistarme? ¡Y la luna! ¿No ves cómo envidia cada serenata que me regalas en el balcón de mis sueños?

Le dije: si tus ojos hacen florecer los jazmines, y tu sonrisa convierte cualquier gusano en mariposa, ¿por qué no podrías también quemarme en el crisol de tus intenciones y volverme fruto maduro? Soy ahora como un niño antojado del dulce de tus labios. ¡Vuélveme un hombre con tus besos!

Ella me dijo: ¿cómo podrías poseerme, jinete tierno del amor, cuando tus caballos son potros salvajes de indomable andar? ¿No ves que aún no controlas sus efusivos desboques y te pierdes con frecuencia en el camino? A pesar de percibir en ti un tierno corazón, tus impulsos aún son cual viento huracanado que me empuja más lejos de ti. ¿No ves que soy una delicada pluma?

Le dije: me reprochas por amarte, mas por cada lágrima derramada que mis mejillas convierten el perla, podría yo fabricarte un extenso collar. ¿Serían estos ríos de sal más dulces si por cada gota pudiera yo recitarte un poema?

Ella me dijo: ¿pide acaso la lluvia un precio a la tierra por hacer crecer sus flores? ¿Pide acaso la luna llena recompensa al océano por adormecerlo en delicado vaivén? Haz como la sabia naturaleza: entrega lo que tienes para dar, y ríndete al flujo continuo de esta existencia hasta que tus pasos se sincronicen con mi andar.



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