Cómo protegerse en situaciones de desgaste

Cuando nos enfrentamos a situaciones para las cuales no estamos preparados o acostumbrados, que exigen de nosotros formas de comportamiento que nos son las típicas de nuestro repertorio de competencias, talentos y hábitos, o que exigen de nosotros una mayor inversión de recursos de los que calculamos que recibiremos a cambio, experimentamos una tensión psicofisiológica conocida como estrés. A nivel moderado actúa como una fuerza motivadora que activa nuestra iniciativa para reponer los recursos perdidos o adquirir más. A altos niveles coloca al organismo en estado de crisis, produce alteraciones en el estado de ánimo, afecta negativamente la calidad de las relaciones, la creatividad, y la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones, empobreciendo la efectividad, la eficiencia y la eficacia.

La exposición prolongada a altos niveles de tensión produce un debilitamiento del sistema inmunológico, de la plasticidad sináptica, de la memoria y del sistema de auto regulación.  Además, se activa un mecanismo de defensa automático que busca el distanciamiento psicológico de la situación y de las personas, pretendiendo  sin éxito de hacernos menos vulnerable a lo que sucede. Esto conduce a perdida de interés, reducción de la vitalidad, deterioro de las relaciones y disminución del desempeño en general. Al enfrentar una situación así en forma sostenida una persona puede empobrecer su visión del mundo, de los demás y de sí mismo, haciéndose más pesimista sobre el futuro, escéptico acerca de la naturaleza humana, perdiendo la esperanza y las ilusiones, disminuyendo la fuerza para cambiar, para persistir en sus sueños y para contribuir con el mundo.

La idea no consiste en vivir sin tensión o tener una vida sin estrés. El estrés que podemos tolerar nos ayuda a crecer. Pero pasado nuestro umbral de tolerancia tiene un efecto contraproducente. De manera que la idea es adquirir conciencia de nuestro umbral de tolerancia individual y tomar medidas para disminuir los efectos colaterales y perjudiciales, manteniéndonos saludables y eficaces.

En el contexto actual las condiciones se vienen tornando cada vez más críticas y existe una expectativa de que pueda empeorar. Es cada vez más difícil reponer las pérdidas, mayor incertidumbre y complejidad. Por ello, es importante tomar medidas especiales para evitar caer en una “espiral” decreciente. Para una revisión más detallada de este tema sugiero revisar Reponiendo fuerzas.

A continuación, algunas recomendaciones:

Dar un significado a la “situación” que le dé sentido

Es común rechazar la situación adversa y buscar culpables. Lo primero es asumir la situación que se enfrenta con una actitud favorable de aceptación y apertura. Puede ser necesario concentrarse en disminuir la intensidad emocional y drenar el exceso de energía. Es mejor ver la situación como una oportunidad de hacer mejoras en la auto regulación y monitorear los avances logrados.

  • Desatender criticismo y rumiación mental.
  • Prestar atención a manifestaciones corporales.
  • Disminuir voluntariamente signos de intensidad neurofisiológica.
  • Monitorear progresos de auto regulación.

Reconocer carácter especial de lo que sucede

En situaciones desgastantes se consumen recursos más rápidamente de lo que se es capaz de reponerlos. Esto produce tensión, percepción de amenaza y urgencia por reponer la condición original, lo cual puede no ser factible en el corto plazo. Es mejor ver las pérdidas como algo transitorio y tener la convicción que todo pasará. En lugar de intentar la reposición de los recursos materiales perdidos, puede ser más recomendable invertir en recursos cualitativos: nuevos conocimientos, desarrollo de competencias, mayor autoconocimiento y nuevas alianzas que favorezcan el crecimiento personal.

  • Detener tendencia a desarrollar una visión catastrófica.
  • Inhibir impulso a recuperar los recursos materiales perdidos.
  • Invertir en adquisición de recursos intangibles y en nuevas relaciones relevantes.
  • Buscar profesionales aliados con quienes establecer una relación de ayuda

Evitar las pérdidas innecesarias de energía – dedicarnos a actividades energizantes

En situaciones normales nos damos el lujo de perder energía innecesariamente porque la podemos reponer luego fácil y rápidamente. Pero en situaciones donde la tasa de pérdida de recursos es mayor que la de reposición tenemos que ser mucho más cuidadosos. Para una revisión detallada de fugas energéticas sugiero revisar Transacciones energéticas III.

  • Tener un plan diario de actividades bien pensado y procurar mantenernos adheridos a él.
  • Cuidar la calidad del sueño, el descanso y la alimentación.
  • Refrenar nuestro comportamiento reactivo e irreflexivo.
  • Dedicarnos a actividades que nos gusten, nos hagan sentir bien, que tengan que ver con lo que somos, con nuestra misión de vida, con nuestras cualidades y fortalezas.

Cuidar nuestro núcleo interno

Es común que nos identifiquemos con las situaciones que vivimos e incluso con nuestras pertenencias. Con mucha más razón con nuestros sentimientos y pensamientos. Pero nuestro Ser Interno va más allá de todo esto. Si dejamos pasar esto inadvertidamente seremos afectados por las circunstancias. Si nos chocan el carro nos “duele”, si nos sucede algo desagradable “nos tumba”, llegamos a pensar que “estamos salados” y que no “pegamos una”, si alguien nos decepciona, ya nos cuesta volver a confiar en otras personas. En un medio desgastante y frustrante, la mejor estrategia es separar lo que somos de lo que nos sucede. Esto implica des-identificarnos de nuestras sensaciones, estados de ánimo, e incluso de nuestros pensamientos; mantenernos como testigos de la experiencia producida por las circunstancias.

  • Mantener un estado de ánimo positivo. Ver Cuidando nuestro ratio emocional.
  • Conectar con la tranquilidad y el sosiego diariamente al menos unos minutos. Recomiendo revisar Dime qué ves y te diré quién eres.
  • Practicar actividades contemplativas que permitan la consolidación de una conciencia reflexiva desapegada de los contenidos mentales (Mindfulness).
  • Cultivar el Ser interno: misión de vida, cualidades distintivas, finalidades, valores, fortalezas de carácter, autoestima, valor personal, optimismo, fe.

Sentirnos unidos a otros

La tensión puede llevarnos a descuidar la calidad de las relaciones. En la intimidad tendemos a expresar más abierta y acaloradamente nuestras emociones. Esta “sinceridad” que da la “confianza” puede terminar por mostrar nuestra peor cara, la cual no todos están dispuestos o preparados para tolerar. Esto puede deteriorar la calidad de las relaciones, acabar con el amor, producir desencuentros y distanciamientos e incluso producir heridas y resentimientos. Pero nuestras relaciones íntimas son uno de nuestros principales activos. Así que si bien siempre hay que cultivarlas, en tiempos de crisis hay que tener especial cuidado y hacer un esfuerzo extra por tener consideración, empatía, amabilidad, respeto y atención de nuestros allegados y seres queridos.

  • Tener consideración y entrega con nuestros seres queridos.
  • Cultivar el encuentro, la celebración y el culto a la vida
  • Desarrollar actitudes alocéntricas, más que egocéntricas: sonreír, escuchar, atender, colaborar y dar.
  • Práctica de la compasión y del comportamiento pro-social.


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