¿Cómo puedo usar la neurociencia a favor de mi motivación?

¿Cómo puedo usar la neurociencia a favor de mi motivación?

El ser humano, de forma natural, se mueve por motivadores que lo impulsan o no a realizar una acción. En ese sentido, ¿qué tanto conoces lo que realmente te motiva?

Evaluemos nuestra forma de tomar decisiones.

Victor Vroom, profesor de la Escuela de Gestión de Yale, desarrolló la Teoría de la expectativa, la cual plantea que nuestros procesos mentales se guían por elecciones de comportamientos y, detrás de esas elecciones, se encuentran motivadores condicionados por los resultados que obtendremos. De esta manera, tomamos decisiones de acuerdo a la expectativa que tengamos sobre el resultado a obtener, y nuestro comportamiento estará basado en el resultado que creemos poder obtener por decidir comportarnos de una manera y no de otra. Sin embargo, el centro no se encuentra en lo que creamos que obtendremos sino en aquello que inconscientemente nos impulsa a escoger. Así, tomaremos decisiones para alejarnos del dolor, o acercarnos al placer.

Por ejemplo, una persona que busca acercarse al placer y quiere comprar una casa, querrá que le vendan todo lo increíble y beneficioso del lugar, la hermosa vista que posee la habitación principal, la magnífica ventilación de las áreas comunes, la óptima distribución del espacio, o lo beneficioso de tener una encantadora área de esparcimiento. En cambio, si quien desea comprar la casa busca alejarse del dolor, querrá que le vendan lo económico que resulta el pago de los servicios, lo segura que es la zona y lo fácil que es acceder por diversos medios de transporte.

Con la teoría de la expectativa, Vroom explica el procedimiento por medio del cual el ser humano escoge un comportamiento sobre otro. Si el resultado que creo que obtendré de una opción no es lo suficientemente estimulante, seguramente escogeré otra opción o simplemente no llevaré a cabo la acción con la mejor motivación. Igualmente, Vroom anexa algunos factores individuales como la personalidad, el conocimiento, las habilidades, las aptitudes y la experiencia.

De esta manera, la teoría de la expectativa posee tres variables:

  1. Expectativa (esfuerzo – rendimiento): Es la creencia de que el esfuerzo realizado dará como resultado el rendimiento deseado.
  2. Instrumentalidad (rendimiento – resultado): Se refiere a la creencia de que una persona recibirá una recompensa si se cumplen las expectativas de un rendimiento.
  3. Valencia (valor-recompensa): Se refiere al valor que cada individuo da a las recompensas, basado en sus objetivos, experiencia, deseos, necesidades, preferencias y fuentes de motivación.

En ese sentido, un individuo se encontrará motivado si cree que su esfuerzo traerá alguna recompensa deseada y, por el contrario, carecerá de motivación si considera que su esfuerzo no generará recompensa alguna o una recompensa que no sea atractiva.

La motivación está en el cerebro.

La motivación es una condición personal, por ello, no depende de factores externos sino de nuestra propia fuerza de voluntad. De hecho, se encuentra en nuestro cerebro. Dean Griffiths, fundador y CEO de Energy Fusion plantea lo siguiente:

“En nuestros cerebros tenemos una estación de intercambio, llamada amígdala, que es sensible emocionalmente y se encuentra dentro del sistema límbico. En ausencia de gran estrés o de miedo, la amígdala redirige la información entrante hacia la corteza prefrontal (CPF). En ese momento, el rol de la CPF es convertir esa información en memoria a largo plazo o procesarla a través de las redes de control cognitivas y emocionales de las funciones más altas de nuestro cerebro. Esto es lo que luego nos permite responder al estímulo o ignorarlo”.

Planteado de manera más simple, en situaciones de alto estrés o alteración, la CPF se “satura” y no pensamos claramente. Por consiguiente, probablemente nuestras decisiones no serán las más acertadas. Son esos los momentos en donde podemos implementar acciones que nos generen bienestar.

Entonces, ¿cómo podemos mantenernos motivados ante lo que no nos agrada o nos parece monótono?

Conócete a ti mismo.

En nuestra búsqueda de “acercarnos al placer o alejarnos del dolor”, nuestro cerebro responde de maneras particulares a lo que reconoce como amenaza o recompensa. Para ello, podemos apoyarnos en el modelo SCARF de David Rock, uno de los mayores líderes del neuroliderazgo. Rock, plantea que tenemos cinco dominios que pueden influir en nuestra motivación y compromiso: estatus (Status), certeza (Certainty), autonomía (Autonomy), relación (Relatedness) y justicia (Fairness), los cuales los define de la siguiente manera:

S (Estatus)
Es la necesidad social de tener cierto grado de importancia, respeto, estima y significado respecto a otras personas dentro de un mismo grupo.

C (Certeza)
Se refiere a la necesidad del cerebro humano de predecir el futuro. Todo aquello que nos genera estabilidad y resultados seguros. Los patrones impredecibles generan estados de alerta en el cerebro, lo cual puede reducir nuestra capacidad de tomar decisiones.

A (Autonomía)
Se refiere a la capacidad que tiene el cerebro de tomar decisiones sobre el ambiente y circunstancias que se presentan. En la medida de lo posible, su posibilidad de decidir qué hacer y qué no.

R (Relación)
Se refiere a nuestra necesidad innata de sentirnos seguros con otras personas y sentir que formamos parte o pertenecemos a un grupo.

F (Justicia)
Está basada es nuestra búsqueda de equidad. Ante una situación de injusticia, nuestro cerebro genera rechaza y puede desencadenar posturas defensivas.

Por consiguiente, el modelo SCARF nos proporciona una mirada de la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros y con el entorno.

Asimismo, una vez que tengamos claro cuál o cuáles de estos dominios determinan nuestras decisiones o motivaciones podremos generarnos, o generar en nuestro equipo, recompensas alineadas a aquello que condiciona esa conducta.

Conocerse a sí mismo es importante para saber lo que realmente nos motiva y, por consiguiente, si estamos a cargo de un equipo también nos será más fácil comprender lo que a ellos los motiva. De esta manera, por ejemplo, la próxima vez que compremos un teléfono sabremos si nuestra decisión al escoger está basada en nuestra necesidad de estatus, por la certeza de mantenernos comunicados en todo momento, la autonomía de poder decidir cuándo estar conectados a otros o cuando no, para relacionarnos con otros más allá de las distancias físicas o por generarnos una sensación de justicia para nosotros mismos al sentir que atendemos nuestras necesidades materiales con importancia y valoración.

Y tú, ¿conoces todo lo que te motiva?



Deja tus comentarios aquí: