Cómo saber quién soy y hacia dónde voy

Cómo saber quién soy y hacia dónde voy

Tu verdadera identidad está más allá de tu propio nombre, de tu ADN y de tu profesión. Es todo eso y mucho más, es descubrir en tu interior quién eres, cuál es tu verdadera esencia y para qué estás aquí. Al conocer quien eres, automáticamente descubres el sentido de tu vida, y se hace necesario ajustar las rutas del camino para poder lograr coherencia entre quién eres y hacia dónde vas.

Visto desde la perspectiva corporativa, sería como determinar la misión y visión de una empresa para trazar su destino o su camino al progreso en función de la dirección establecida. Muchas empresas fracasan porque no toman en cuenta esta sencilla definición de conceptos, y creen que el éxito de una organización depende únicamente de cuánto factura al año. Por eso, crecen en unos aspectos, pero fracasan en otros; no se consolidan; sus empleados no sienten identificación con la organización, por lo que tienen alta rotación de personal, y pierden mucho dinero entrenando gente para comenzar una y otra vez, desarrollan un estilo gerencial y luego otro y otro más.

Igual pasa en nuestras almas y nuestros cuerpos. Al no tener identificada nuestra verdadera esencia, saltamos de un oficio a otro, de una pareja a otra, de un círculo de amistades a otro, engordamos y adelgazamos como un sube y baja, o peor aún, nos arraigamos a un modelo de vida que no nos gusta, pero que cuenta con la aprobación de los demás, dejando que sean los otros quienes decidan nuestro destino.

Cómo saber quién soy

Es muy sencillo, para empezar es preciso subirle el volumen a la voz de tu corazón, escucharlo cada vez más y más fuerte. Esto implica bajarle el volumen a los otros, a esas voces que te conquistan con espejismos y te seducen para que seas como ellos. Debes hacerlo sin juzgarlos y consciente de que cada quien tiene su proceso y su momento para encontrarse a sí mismo. Cuando has hallado tu momento, ya nada puede detenerte.

Un indicio que te permite conocer cuándo ha llegado ese momento de crecer desde el “yo soy” es precisamente cuando comienzas a valorarte más, cuando te das cuenta de que el reconocimiento más importante es el que te das tú a ti mismo por el solo hecho de ser quien eres. Es allí cuando puedes celebrar tus logros personales y también profesionales desde la divinidad, desde el gozo de la luz y del espíritu que eres, comprendiendo que tu esencia está más allá de tu materia y está conectada con el todo. En ese momento, comprendes que es aceptándote a ti mismo tal como eres, como puedes aceptar también tu vida, tu entorno, tu familia y tu mundo material y espiritual sin reproches.

En la aceptación está el secreto de la felicidad, aceptarse a sí mismo con todas las bondades, virtudes y defectos que puedas hallar en ese proceso de reconocimiento interior es la mejor garantía de que florecerá el agradecimiento por la vida y, por ende, comenzarás a apreciar cada aprendizaje con otras personas que han pasado por tu vida sin culparlos, sin tomar el rol de víctima, sin hacer drama ni crearte enfermedades. En consecuencia, se fortalecerá tu “yo soy” como una manera de lograr el balance entre lo exterior y lo interior, llevándote a restablecer la dirección de tu brújula invisible de la vida para llevarte hacia lo que verdaderamente te hace feliz, lo que implica, ciertamente, tomar decisiones y acciones para crear tu nueva realidad en función de tu verdadera identidad, desde el “yo soy”.

Comienza un nuevo año, y el momento es propicio para restablecer las coordenadas de tu ruta. ¿Estás listo para caminar honrando la divinidad de tu verdadera esencia, desde el “yo soy”? Entonces, ¡adelante!, tus posibilidades son infinitas.



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