Cómo sacar tu vida familiar del piloto automático

Cómo sacar tu vida familiar del piloto automático

La sensación de estar en piloto automático en nuestras vidas, de correr de manera casi inconsciente sin activar nuestra capacidad de disfrute, de conexión, puede experimentarse no sólo en el aspecto individual sino también familiar.

Muchas personas manifiestan sentir agobio en ese ámbito, “inercia” en la secuenciación de las rutinas diarias y algunos hasta lo reportan en situaciones tan relajadas como…¡las vacaciones!

Para la especialista en familias Cecilia Gelfi, de nuestro Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), esto tiene que ver con que “transitamos una época en la que nos movemos a un ritmo vertiginoso, las exigencias son cada vez mayores, nos acostumbramos a hacer muchas cosas al mismo tiempo, a llevar agendas repletas de eventos y actividades en un contexto en que el avance de la tecnología, la inmediatez y protagonismo de las redes sociales nos sorprende sin darnos tregua. En estas condiciones, es muy fácil caer en el automatismo y perder de vista lo verdaderamente importante para nosotros en nuestra familia”.

Es cierto: este primer diagnóstico enfatiza el valor que le damos al cuánto hacemos en lugar del cómo lo hacemos. Esta sórdida ecuación es la que aplicamos en nuestras vidas: corremos para salir a la mañana al cole y los trabajos, corremos para ir a actividades extralaborales (estudiar idiomas, hacer ejercicio físico), y hasta corremos para disfrutar de encontrarnos con alguien que apreciamos o para un evento en especial. El multitasking termina corroyendo nuestras vidas.

Cambiar la mecanización familiar

Cecilia propone tres pasos simples para comenzar a transformar esta dinámica en casa:

Primero, debemos estar dispuestos a tomarnos unos minutos para parar, bajarnos de la montaña rusa cotidiana y hacernos algunas preguntas importantes: ¿Cómo quiero ser como pareja? ¿Cómo quiero ser como madre o padre? ¿Cómo quiero ser como hijo o hija o cómo hermano o hermana? ¿Qué quiero darle o transmitirle al resto de mi familia?

En segundo lugar, repasar cómo estamos haciendo las cosas en familia. Puede pasar que algunas costumbres o rituales familiares estén automatizados y los repitamos por inercia. Algunos hábitos que fueron útiles en algún momento quizá ya no lo sean. Ciertas costumbres que heredamos de nuestras familias de origen tal vez ahora no nos representen. Desconectar por un momento el modo automático para repensar cómo nos gustaría que fueran verdaderamente las cosas en nuestro hogar nos permitirá salir del círculo vicioso que encierra la rutina y corregir el rumbo.

Por último, no perder la conexión con las personas que amamos. Hacernos un espacio para saber cómo está el otro, qué le pasa, qué le preocupa, cuáles son sus sueños, sus miedos, qué lo hace feliz y poder compartir, a su vez, nuestro mundo interno. Cada familia deberá buscar la forma de crear o preservar momentos de encuentro, de diálogo, de intimidad. No hay fórmulas únicas”, concluye la profesional.

¿Y en la pareja?

Un ámbito más específico de la vida familiar, un subsistema del mismo, es la pareja. Allí también se tejen automaticidades, especialmente cuando comienzan a llegar los hijos. Es sabido el efecto de “distanciamiento” que esto puede producir.

Natalia Gilabert, psicóloga, terapeuta de parejas y una de las directoras del Programa “Abrázame fuerte” para la reconexión emocional y profundización del vínculo de la pareja, basado en el programa del mismo nombre creado por la Dra. Sue Johnson, nos ilustra: “Cuando una pareja está funcionando en piloto automático vemos que ha cambiado su danza. Antes se veía sintonizada. Cada quien era capaz de dar claras señales en momentos de necesidad de conexión emocional y al mismo tiempo capaz de responder a los intentos de conexión del otro de manera comprometida. Mensajes con o sin palabras del estilo te necesito, te quiero a mi lado, estás ahí, acá estoy, circulaban libremente generando una sensación de seguridad afectiva… esa era la música. En las parejas que están funcionando en piloto automático ha cambiado la danza, ha cambiado la música. La pareja se ha enredado en movimientos estereotipados que suceden y se repiten en ciclos que los alejan cada vez más. En momentos de necesidad de conexión los mensajes comienzan a ser confusos y también las respuestas. La música ya no nos invita a bailar en sintonía. Las emociones de bienestar y seguridad afectiva han dejado lugar a la ansiedad, el enojo, la inseguridad, el adormecimiento emocional. Esa es la nueva música que se escucha por doquier”.

Ante la pregunta de qué ha llevado a esta situación, sugiere: “Es probable que con el tiempo aparecieran las amenazas internas a la pareja. A veces, sin malas intenciones, vemos surgir nuevas diferencias que tocan puntos sensibles y afectan el sentido de conexión emocional, el sentido de ‘nosotros’. Y esa erosión a la conexión nos enciende todas las alarmas”.

Entonces, las cosas empeoran: “Cuando perdemos la seguridad afectiva accionamos automáticamente los mismos mecanismos de reacción ante la amenaza que compartimos con el resto de los animales: luchamos o huimos. En momentos de conflicto con nuestros seres queridos se nos acelera el corazón y la respiración y queremos gritar o salir corriendo. Nos sentimos amenazados, tal como si nuestra supervivencia estuviera en peligro, ya que como especie sobrevivimos gracias a una íntima conexión con quien nos cuida hasta tanto conseguimos valernos por nosotros mismos. La conexión es para nosotros un tema de vida o muerte. Y cuando alguien nos grita, se queja de nosotros (mecanismo de lucha) nos sentimos cuestionados o rechazados. Asimismo cuando alguien no escucha nuestra queja, se aleja (mecanismo de huída) nos sentimos abandonados, poco importantes. Estas reacciones vuelven a constituirse en una amenaza, porque todos necesitamos sentirnos importantes, aceptados y seguros en nuestra pareja. Y así nos vamos enredando en patrones que se activan ante cada vez más y más sutiles disparadores. Ese patrón es el nuevo piloto automático: de peleas y conflictos a veces, de alejamiento y frialdad otrasy de una combinación de ambas, las más de las veces. Así vamos reforzando la sensación de que en nuestra más preciada relación algo ha cambiado. Ya no nos sentimos tan seguros de que el otro estará ahí para nosotros… El piloto automático se fue robando la conexión».

¿Cuál es el camino entonces? Para la profesional, es necesario dar algunos pasos para transitarlo:

  • Conocer cómo nos hemos enredado en ese rígido y predecible modo de interactuar.
  • Hacernos responsables de lo que estamos viviendo y del funcionamiento adquirido.
  • Emprender el viaje hacia uno mismo, reconocer esas emociones más vulnerables y darlas a conocer a nuestra pareja. Allí en las profundidades de nuestro ser seguimos siendo dos seres que necesitan y anhelan volver a sentirse seguros el uno con el otro. Es en ese lugar, menos reactivo, mas vulnerable y profundo donde nos volveremos a conocer y encontraremos la manera de volver a ser nosotros dos los conductores de nuestro vínculo.


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