Cómo usar las redes sociales con sabiduría y atención plena

Cómo usar las redes sociales con sabiduría y atención plena

Por Ravi Chandra /Enero 23, 2018

Artistan/Adobe Stock

Traducido por: María Teresa Febreiro

 

No fue otro que el ex vice presidente para el crecimiento de usuarios de Facebook, Chamath Palihapitiya, quien recomendó “tomarse un fuerte descanso” de las redes sociales. “Hemos creado herramientas que están rompiendo el tejido social de cómo funciona la sociedad”, dijo recientemente.

Sus comentarios hicieron eco de las palabras de uno de los fundadores de Facebook, Sean Parker. Él dijo que las redes sociales proveen un “círculo de retroalimentación de la validación social (´un poco como un golpe de dopamina… porque a alguien le gustó o comentó una foto o una publicación´). Eso es exactamente lo se le ocurriría a un hacker como yo porque estás explotando la vulnerabilidad en la psicología humana”.

¿Son sus miedos exagerados? ¿Qué nos están haciendo las redes sociales como individuos y como sociedad?

Desde que más del 70 % de los adolescentes y adultos norteamericanos están en Facebook y unos 1.2 billones de usuarios visitan el sitio diariamente con una persona promedio invirtiendo más de 90 minutos al día en todas las plataformas de redes sociales combinadas, es vital que ganemos más sabiduría sobre el genio de las redes sociales, porque no se va a devolver a su botella. Nuestro deseo de conectar con otros y expresarnos puede venir con efectos secundarios no deseados.

El problema con las redes sociales

Las redes sociales, claro está, no son completamente malas. Con frecuencia hay beneficios tangibles que vienen del uso de estas redes. Muchos de nosotros entramos a las redes sociales por un sentido de pertenencia, autoexpresión, curiosidad o deseo de conectar. Las aplicaciones como Facebook y Twitter nos permiten mantenernos en contacto con la familia o amigos que están geográficamente dispersos, comunicarnos con personas que piensan como nosotros sobre ciertos intereses, y unirnos a una comunidad en línea para apoyar o luchar por causas que resuenan con nuestro corazón.

Honestamente, compartir sobre nosotros mismos en línea puede aumentar nuestro sentido de bienestar y soporte social en línea, por lo menos en el corto plazo. Un estudio sugirió que las comunidades de Facebook pueden ayudar a romper los estigmas y estereotipos sobre enfermedades, mientras que las redes sociales, en general pueden “servir como trampolín” para pasar de un modo “más reclusivo… a uno de más integración social”.

Pero Parker y Palihapitiya saben de lo que hablan cuando se refieren a las cualidades adictivas y socialmente corrosivas de las redes sociales. La “adicción” a Facebook (sí, hay un análisis para esto) aparece en algunas resonancias magnéticas cerebrales como algo similar al abuso de sustancias o a la adicción a las apuestas. Algunos usuarios, incluso, llegan a los extremos de perseguir la sensación de éxtasis que produce una mayor cantidad de ‘me gusta’ y de seguidores. El joven de 26 años Wu Yongning, recientemente, se mató al caer de la cima de un rascacielos intentando un selfie de una manera poco segura.

Facebook también puede exacerbar la envidia. La envidia es lo más corrosivo para el tejido social, convirtiendo la amistad en rivalidad, hostilidad y rencillas. Las redes sociales nos llevan a ver “la película de los momentos más destacados” de otras personas, y muy frecuentemente sentimos que algo nos falta por comparación. Esto puede alimentar el crecimiento humano si podemos cambiar la envidia en admiración, inspiración y autocompasión, pero en lugar de ello con frecuencia nos lleva a sentirnos insatisfechos con nosotros mismos y los demás.

Por ejemplo, un estudio efectuado en 2013 por Ethan Kross y sus colegas mostraron que definitivamente mientras más tiempo pasan en Facebook los adultos jóvenes, peor se sienten. Los participantes recibieron mensajes de texto cinco veces al día durante dos semanas para responder preguntas sobre su bienestar, contacto social directo y uso de Facebook. A la larga, las personas que pasaron más tiempo en Facebook se sintieron significativamente peor, incluso después de controlar otros factores como la depresión y la soledad.

De manera interesante, aquellos que pasaban mucho tiempo en Facebook, pero también se involucraban en niveles moderados o altos de contacto social directo, todavía reportaban un empeoramiento de su bienestar. Los autores llevaron a la hipótesis de que las comparaciones y las emociones negativas activadas por Facebook, al ser llevados al contacto de la vida real, quizá dañaban el poder sanador de las relaciones interpersonales en directo.

Más recientemente, Holly Shakya and Nicholas Christakis estudiaron durante 2 años unos 5.208 usuarios adultos de Facebook, midiendo su satisfacción con la vida, así como su salud física y mental a lo largo del tiempo. Todos esos resultados fueron peores con un mayor uso de Facebook, y la forma cómo lo usan (por ejemplo: uso pasivo o activo, gustando, haciendo clic o publicando) no pareciera importar.

“La exposición a las imágenes cuidadosamente escogidas de las vidas de otros lleva a una autocomparación negativa, y una pequeña interacción con las redes sociales puede alejarnos de experiencias de vida real más significativas”, concluyeron los investigadores.

Cómo tomar las riendas del abuso de las redes sociales

Entonces, ¿qué podemos hacer para manejar los aspectos negativos de las redes sociales? Una idea es salir de Facebook y tomarse ese “fuerte descanso”. El investigador Morten Tromholt, de Dinamarca, encontró que después de tomarse una semana de descanso de Facebook, las personas tenían una mayor satisfacción con su vida y emociones más positivas comparadas con las personas que permanecían conectadas. El efecto fue especialmente pronunciado en “usuarios intensos, usuarios pasivos y usuarios que tienden a envidiar a otros en Facebook”.

También podemos volvernos más conscientes y curiosos sobre los efectos de las redes sociales en nuestras mentes y corazones, sopesando lo bueno y lo malo. Deberíamos preguntarnos a nosotros mismos cómo nos hacen sentir y comportarnos las redes sociales, y decidir si debemos limitar nuestra exposición a las redes sociales en general (desconectándonos o desactivando nuestras cuentas) o simplemente modificar nuestro entorno de redes sociales. Algunas personas con las que he hablado encuentran la manera de limpiar su sección de noticias, desde ocultar a todos menos a sus amigos más cercanos, hasta solo darle “me gusta” a fuentes de información, noticias y entretenimiento con buena reputación.

Al saber cómo las redes sociales afectan nuestras relaciones, podemos limitar las interacciones a aquellas que apoyan las relaciones del mundo real. En lugar de fisgonear o mirar a través de un sinfín de publicaciones, podemos detenernos a hacernos preguntas importantes, tales como: ¿cuáles son mis intenciones? y ¿qué hace este ámbito en línea por mí y por mis relaciones?

Cada uno de nosotros debe llegar a su propia decisión individual sobre el uso de las redes sociales, basados en nuestra propia experiencia. Apoyarnos en las investigaciones nos ayuda a sopesar lo bueno y lo malo, y tomar esa decisión. Aunque el genio esté fuera de la botella, podemos encontrar, como Shakya y Christakis, que las “las interacciones en línea no sustituyen las reales” y que las relaciones saludables en persona son vitales para la sociedad y para nuestro propio bienestar. Haríamos bien en recordar esa verdad y no poner todos nuestros huevos en la cesta de las redes sociales.

 

Este artículo está adaptado de Facebuddha: Trascendencia en la era de las redes sociales (Pacific Heart Books, 2017, 412 páginas) Este artículo apareció originalmente en Greater Good, la revista en línea del Centro Greater Good de UC Berkeley, uno de los aliados de Mindful. Revisa aquí el artículo original.



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