¿Cómo va ese 2013: cumpliendo las metas que te trazaste?

La historia se repite cada año… sueñas con escribir un libro, o con ponerte bella haciendo más ejercicio y comiendo más sano, o con tener una relación de pareja ideal, o un trabajo que te gusta y te permita vivir cómodamente…

Entonces comienzas a hacer lo que debes hacer para lograr tu sueño, pero de pronto algo ocurre que te produce un bajón. Quizás te distraes, te desenfocas de la meta y terminas por desanimarte.

¿Qué paso? ¿Qué dispersó tus buenas intenciones?

Lo más seguro es que tus viejas creencias se reactivaron… tus miedos y dudas tomaron las riendas de tu mente. ¿Qué miedos? Miedo a fracasar, miedo a triunfar, miedo a no estar lo suficientemente preparado, miedo a ser criticado, miedo a ser herido o a herir a otros, miedo a ser expuesto, y la lista continúa…

Lo increíble de los miedos es que a menudo no estamos conscientes de ellos. La mente encuentra maneras de disfrazarlos a través de excusas. Una excusa común con la cual quizás estas familiarizado es: esto no va a funcionar por qué…. (llena el espacio). Entonces entramos en una carrera sin fin de perfeccionismo para mejorar nuestros proyectos más importantes hasta tal punto que nunca los llegamos a realizar o exponer al mundo.

99% de toda esta dinámica es producida por el miedo.

Y no te culpo, las cosas se ponen espeluznantes a veces.

Hace un par de años descubrí esta fórmula que me ha servido en momentos clave para transformar mis miedos y convertirlos en oportunidades para avanzar. La comparto contigo esperando que tenga el super efecto que tiene en mí cada vez que la practico.

Cuando me doy cuenta que estoy teniendo pensamientos negativos que reducen mi margen de maniobra, hago lo siguiente:

PRIMERO: observo mi aspecto físico. Identifico cómo se está expresando la sensación de miedo en mi cuerpo: ¿Como una presión en el pecho? ¿Una tensión en el estomago? ¿Se me cortó la respiración? ¿Se me quitó el apetito? ¿Dónde se está acumulando esta energía y cómo se está expresando en mi cuerpo?

SEGUNDO: una vez que identifico físicamente al miedo, tomo un momento para aceptarlo como lo que es: simple energía expresándose a través de mí. No es energía positiva ni negativa. Es simple energía expresándose. Átomos vibrando a una cierta frecuencia y nada más. Respiro profundamente aceptando esa energía aquí y ahora, sin juzgarla.

TERCERO: le pongo un nombre a esa sensación, a esa energía, en lugar de llamarla miedo, le cambio el nombre por uno bien personal… Shazam es un nombre que me ha resultado. Pedrito también. Al ponerle un nombre automáticamente cambia mi percepción de esa energía, pasa de ser una percepción dramática negativa, a ser una percepción más ligera. Y por lo general una vez que identifico que se trata de Pedrito o Shazam, el miedo pierde su fuerza paralizadora, y termina por convertirse en entusiasmo, excitación, se transmuta en energía positiva que me sirve para seguir adelante, en lugar de bloquearme el camino.

Esto se puede aplicar a todos los sentimientos: rabia, vergüenza, tristeza, todo lo que te esté paralizando y/o drenando tu energía.

Adelante, juega con todo esto… la creatividad y el humor para renombrar tus emociones son tus más grandes aliados.



Deja tus comentarios aquí: