Compartir nuestros sentimientos

En el mundo que habitamos hoy en día donde las frases positivas recorren las redes sociales de manera viral, generando millones de impresiones a diario, donde observamos cientos de publicaciones diarias en las que las personas a nuestro alrededor, o más bien en nuestros entornos digitales, publican cosas que la mayoría del tiempo parecen maravillosas, la soledad y la tristeza parecen lugares inexistentes, las sensaciones naturales y “negativas” parecen haberse extinguido en los estatus diarios, las quejas son solo protagonistas de posteos que tienen que ver con política, religión, violencia de género o manifestaciones sociales.

Hice un experimento, publiqué cosas positivas y cosas que no me agradan tanto, evidentemente la suma de los likes se inclinaban hacia la balanza de lo positivo. Sin embargo, esto hizo que empezara a preguntarme si no estamos dibujando universos virtuales que cada vez nos conducen más a querer vivir anestesiados.

Por otro lado en el entorno no virtual, voy notando que es muy difícil tener una conversación con alguien que pueda escuchar que estás triste, nostálgico, melancólico o cansado. La actitud ante la comunicación de nuestros pesares, tiende a ser dictatorial, uno no debe quejarse, uno no debe expresar que se siente mal, no es de una persona guerrera decir que se siente rendido, no es de una persona valiente llorar, y así, estuve observando por varios días la reacción de las personas ante los sentimientos no positivos de los demás.

Y me asustó un poco ver que estamos todo el tiempo tratando de evadir, disimular o esconder los sentimientos negativos, y creo que eso no genera bienestar, ni a nivel individual, ni colectivo.

Es sano expresar nuestras emociones, de una manera equilibrada, para evitar días de furia, como los que le suceden a los personajes de Relatos Salvajes, o al famoso protagonista de un día de furia, William Foster, interpretado por Michael Douglas.

Estuve conversando con una amiga y coincidimos en que es adecuado poder compartir los sentimientos que nos generan inquietud, ansiedad, tristeza. Sin necesidad de que la queja se vuelva constante, ni que las conversaciones giren en torno a lo negativo siempre, nada más lejos de ello. Somos lo que pensamos, y todas las dificultades se pueden atravesar de la mejor manera, pero no evadiéndolas, ni pintando el mundo de colores todo el tiempo, porque por más que quieras que el sol salga todos los días, también hay días de lluvia y de tormentas.

Este artículo es una invitación a que la próxima vez que alguien se acerque a contarte algo que no es positivo, te des, le des, se den unos minutos para escuchar, para entender qué es lo que sucede y de qué manera se le puede dar la vuelta, es una invitación a que a veces puedas abrazar a alguien o a abrazarte a alguien y llorar sin necesidad de explicar mucho, solo por el hecho de dejar salir lo que no nos genera tanta felicidad. A que la próxima vez no taponemos lo que no nos genera bienestar, con un – pero deja de quejarte- , – no debes llorar- , -ser débil no está bien-, -tienes que ser fuerte- , podríamos intentar no censurar esos sentimientos y cambiarlos por un diálogo genuino, tal vez un -hablemos de lo que sucede-, -hay que dejar salir lo que sentimos- y -está bien desahogarse- .

Sabemos que todo es temporal, todo va a pasar y las soluciones o las sonrisas estarán a la vuelta de la esquina. La felicidad tiene matices, el dolor es inevitable, el sufrimiento es una elección, pero las transformaciones y los cambios parten de lugares que no son tan cómodos, donde resulta positivo escucharse y analizar lo que nos generan determinadas situaciones. Sin estas sensaciones no podríamos agradecer el aprendizaje y el desafío que nos genera pasar por momentos que no son tan buenos para llegar a esos donde nos damos cuenta que hemos crecido interiormente y que el hecho de fortalecernos no significa que no lloremos, que no nos lamentemos, o que de vez en cuando nos enojemos. No somos superhéroes, no somos perfectos, somos unos maravillosos seres humanos que atravesamos diversos estados de vida: algunos difíciles y otros muy felices.



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