Con la depresión, el lobo que alimentes será el lobo que gane

Quiero compartir con ustedes un artículo que leí recientemente escrito por Therese Borchard, una autora que al igual que yo ha transitado el camino de la depresión y la ha superado. Creo que los que hemos sufrido de esta condición médica o de cualquier otra enfermedad, en ocasiones nos hemos enfrentado a la realidad que ella describe.

Borchard empieza su artículo citando una vieja una leyenda cherokee sobre un valiente anciano que habla con su nieto acerca de la vida:

Hijo le dice dentro de cada uno de nosotros hay una batalla de dos lobos. Uno de ellos representa el mal. Él es la ira, la envidia, los celos, la tristeza, el pesar, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, las mentiras, el falso orgullo, y el ego.

Y continuó: «El otro lobo es el bueno. Representa la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe. La misma pelea está ocurriendo dentro de ti y dentro de cada persona, también», explicó el sabio anciano cherokee.

El nieto pensó por un minuto y luego preguntó a su abuelo: «¿Cuál lobo gana?».

El abuelo simplemente respondió: «Aquel que tú alimentes».

A partir de aquí la autora hace una comparación de esta historia con su lucha interior que me he permitido reproducir:

Siento que estos dos lobos se atacan uno a otro, día tras día. Cada hora. La mayor parte de los minutos. Un lobo está resentido por el infierno que siente al no poder comer un pedazo de pastel de calabaza el día de Acción de Gracias, sin tener que sufrir las consecuencias de enfrentarse con sus pensamientos de muerte dos días después, tan solo por haber ingerido un poco de azúcar refinada y harina lo cual altera su sistema límbico –el centro emocional del cerebro– de manera tan significativa. Está enfadado porque tiene que ejercitase tan intensamente no menos de seis veces por semana, con el fin de escapar de sus pensamientos suicidas. En general, se siente amargado por tener que trabajar muy duro y ser tan disciplinado para poder experimentar la misma serenidad que está disponible para sus amigos y familiares todo el tiempo, a veces quizás sin mucho esfuerzo.

El otro lobo le recuerda que, mientras que al resto del mundo le gustaría estar a dieta, pero no lo hacen pues no reúnen la autodisciplina necesaria para lograrlo, ella debería estar feliz de que no comer bien tenga consecuencias tan devastadoras para ella que nunca tendrá que ponerse a dieta, porque para alejarse de los pensamientos suicidas tiene que estar constantemente haciendo una. El otro lobo le dice que claro que el ejercicio es a veces un lastre, pero que debería estar agradecida de que tiene piernas para correr y brazos para nadar.

Un lobo cree que su sufrimiento es único, que nadie podría entender la angustia que siente. Está resentido con aquellos que nunca han deseado morir, y desearía poder experimentar esa clase de felicidad, ignorada para la mayoría. Está cansado de contar su historia a personas que no lo entienden. Sus expresiones perplejas únicamente lo hacen sentir mucho más solo y son como puñales directamente al corazón.

El otro comprende que todo el mundo está luchando siempre una batalla de algún tipo, que cualquiera que haya nacido en este planeta ha experimentado algún tipo de sufrimiento. Este lobo le dice que se olvide de la persona feliz que la mayoría de la gente trata de aparentar ser, que cada hogar ha derramado sus propias lágrimas debido a tragedias, tristezas, angustias y temores los cuales son ocultados al mundo, pero que no obstante ahí están, forman parte de sus vidas, de sus historias.

Un lobo cree que si aquellos que están presentes en su vida pudieran escuchar sus pensamientos, de seguro lo abandonarían. Este construye un muro de piedra alrededor de su mundo mórbido para evitar ser herido de nuevo.

El otro le recuerda que ellos nunca lo han dejado solo durante esos momentos de desolación, que siempre han estado presentes en sus momentos más horribles, y que a pesar de todo aún están a su alrededor. Este lobo dice que puede sentirse a salvo siendo real y transparente, pues la paz viene con la autenticidad.

Un lobo cree tener la certeza de que nunca se sentirá mejor. Ha renunciado a tratar de mejorar. Está cansado y desilusionado, se ha dado por vencido. Después de haber abierto su mente una y otra vez a nuevas ideas y estrategias, e invertido la energía necesaria para ponerlas en práctica, siente que ya no tiene más espacio en su corazón para la esperanza.

El lobo bueno le recuerda que su porcentaje de éxito por trascender los tiempos difíciles ha sido hasta ahora del 100 por ciento, que siempre hay espacio para la esperanza, incluso si un corazón se ha convertido en una roca dura después de tanto intentar, fallar, probar, fallar y fracasar una vez más. Dice que a pesar de que la depresión pareciera ser permanente, no hay nada en este mundo que lo sea, que las variables bioquímicas de nuestro cerebro evolucionan, que las relaciones cambian y las situaciones también, que nada se mantiene inalterable de un momento a otro, por lo tanto siempre existe la posibilidad de comenzar de nuevo, y de que la sanación ocurra.

Supongo que alimento ambos lobos todos los días sin darme cuenta.

Cuando extiendo mi mano para alimentar el amor y la esperanza, el otro lobo arrebata las golosinas, y de repente estoy llena de envidia e ira. Trato tan duro de hacer todas las cosas correctas –comer bien, meditar, hacer ejercicio, orar, ayudar a la gente– pero el «mal-estar» se presenta y me obliga a tener que empezar de nuevo.

Pero ahora sé sobre estos dos lobos.

Sé lo engañoso que puede ser el lobo de la desesperación, pero también sé lo poderosa que puede llegar a ser la fuerza de la compasión y la bondad.

Todo lo que tengo que hacer es seguir tratando de alimentar al lobo de la paz y la benevolencia, para seguir teniendo esperanza. Tener fe, incluso cuando estar sana y gozar de buena salud pareciera imposible. El otro lobo con el tiempo se aburrirá y dejará de pedir alimento.

Traducido del original: “With Depression, the Wolf You Feed Is the Wolf That Wins” by Therese Borchard.



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