Conceptos, creencias y su influencia en los cambios

Un concepto es la consecuencia lógica de la comprensión de algo, es una respuesta del intelecto, determina comportamientos y  corresponde a la escala de valores del individuo. Estos en ocasiones, pueden ser acomodaticios o ajustables. Pueden obedecer a motivaciones y desde allí comenzar a comprar lo necesario para darles formas.  Es como ir al supermercado, comprar y colocar todo eso en una despensa denominada concepto, comprendamos mejor con un ejemplo. Si una persona que el escalar posición social, económica y profesional es de suma importancia y se ha convertido en su leitmotiv, irá comprando conceptos que le allanen el camino para lograr esos objetivos. Éstos, determinarán la ruta por la que su atención se guiará y generarán eventos.

Desde temprana edad estamos sometidos a distintos conceptos, y a medida que  avanzamos, vamos eligiendo y viviendo fiel a éstos. En buena parte del tiempo no estamos conscientes de todos ellos, y al no estarlo los idealizamos. Es como si, de tanto comprar no sabemos qué hay en la despensa ni su utilidad, destacando que todo lo que es depositado en nuestra mente subconsciente como principal responsable en la creación de realidades, no es discernida por ésta, pues lo asume como órdenes directas.

La Real Academia Española (RAE), define la creencia como el firme asentimiento y conformidad con algo. Es la idea que se considera verdadera, a la que se da completo crédito como cierta, en definitiva, es la forma como yo veo al mundo y lo declaro. 

Lo que se da por cierto, la suma total de lo que el individuo cree, acepta y da consentimiento, no necesariamente es verdadero, pues puede estar influenciado por ejemplo, por una superstición, un prejuicio o por algo totalmente falso. En definitiva, conceptos, creencias, percepciones y paradigmas, pasan a conformar el contenido o estado de consciencia de cada persona. En las creencias nos refugiamos, sirven para sustentar nuestras razones, otorgan seguridad e iniciativa, podemos traducirlas en fe, sustentan nuestra escala de valores y comportamientos, muchas veces estamos inconscientes de ellas, y algo sumamente importante, impactan todos los ámbitos de nuestra vida. El individuo, aun determinándolas, selecciona el estado de consciencia con el que desea identificarse, y atentos con esto, aquello con lo que nos identifiquemos formará parte de la extensa lista con la que creamos realidades en nuestra vida.

Hay creencias tan implantadas en nuestra manera de pensar, que son inconscientes y automáticas. Una creencia en estado inconsciente, puede surgir en momentos de emocionalidad intensa, de disparo emocional en función a ciertas circunstancias, y sí, está siempre ahí, presente, latente. Esta sería la principal diferencia entre concepto y creencia bajo mi punto de vista, pues la creencia puede requerir ser detonada en un momento dado, por una emoción para conocer su existencia, para salir de su escondite, lo que quiere decir que, cuando un individuo de alguna manera determina que necesita apoyo para manejar una situación, es porque un pico de emocionalidad ha estado presente creando quiebres no sencillos de tratar, mientras los conceptos silentes o no, identificados o no, les puede ser indiferente la emoción.

Lo común entre concepto y creencia es que ambas indican dirección, afectan nuestra creatividad,  inteligencia,  imaginación y emocionalidad, pues se alimentan de nuestros pensamientos.  Ahora bien, obviamente todo esto influye en la forma como percibimos los cambios, la resistencia ante estos o la enfática negativa a entrar en un proceso de cambio. Aun estando conscientes de que los resultados que experimentamos no son óptimos, deriva en una tarea compleja modificar la capacidad humana, para obtener mayores y mejores resultados. Todos poseemos una capacidad de accionar, un poder de intervenir que nos permite modificar nuestra consciencia, alterar el curso de los acontecimientos y de hecho cambiar nuestro futuro. 



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