Confieso que he mentido

Confieso que he mentido

Iba hacia mi trabajo y escuchaba en la radio a un psicólogo a quien entrevistaban sobre la mentira. Las personas que llamaban para intervenir en el programa se sentían felices de haber “pasado” mentiras a jefes, parejas, padres y profesores.

No pude más que pensar desde cuándo mentimos, cómo mentimos, por qué mentimos. Recordé mi niñez: las historias del Ratón Pérez, del Niño Jesús, de los Reyes Magos, de cuando el periquito de mi casa se ahogó y mi tía Carmen me dijo que se había ido al cielo. También me acordé de cuando les decía a mis compañeritas del colegio que mi papá estaba estudiando fuera del país (que era verdad) para no decir que mis padres estaban divorciados. Asimismo recordé cuando mi amiga Ruth me invitó a comer fondue y nunca le dije que eso jamás lo había probado en mi vida (aquí no mentí, pero no dije la verdad) pues sentía que hacía el ridículo si me “exponía”.  Rememoré instantáneamente mis amores de joven y no tan joven cuando dije “no eres tú, soy yo” para no herir a la otra persona. Es decir: confieso que he mentido.

Inmediatamente me pasaron por la mente algunos embusteros profesionales a quienes conozco personalmente, o de lejos por ser figuras públicas, y que han mantenido situaciones inventadas, grandes y pequeñas (me refiero a mujeres, hombres, adolescentes y niños). Recordé inmediatamente a mi tío Héctor diciendo que la mentira “tiene patas cortas”, es decir, que no llega muy lejos porque los cuenteros tienen que tener ante todo muy buena memoria, si no quieren ser descubiertos. Decía que una mentira era el comienzo de una cadena de mentiras infinitas para mantener siempre a flote eso que se dice o cuenta. Pensé en aquellos a quienes se miente y descubren en algún momento que les han engañado… yo he estado allí también, ¡he caído por inocente! Me he creído esos cuentos y luego he descubierto con sorpresa que no era lo que me habían dicho. Es decir, he mentido y me han mentido. Y es que hay mentiras para todos los gustos y situaciones: mentiras blancas, mentiras piadosas, mentiras familiares, mentiras amorosas, mentiras colectivas, mentiras históricas. Y ahora, hasta mentiras físicas; sí, así mismo como lo lee. Personas que se reconstruyen de los pies a la cabeza y dicen que nacieron así. Sino simplemente vean la cantidad de personas “producidas” gracias a procedimientos cosméticos que hay por todas partes (sin intención de ofender por supuesto, cada quien con su auto-estima).

¿Flores para aquellos que mienten?

Agrimony para aquellos que lo hacen porque necesitan ser aceptados o lo hacen para evitar confrontarse con su realidad. Esta flor les ayudará a convivir con ellos mismos y estar en paz.

Larch si mentimos porque pensamos que no tenemos capacidad para hacer algo, nos permitirá darle un chance a nuestra autoestima, fortaleza para intentar.

Mimulus si mentimos por temor a alguien, para que tengamos valentía y seguridad al decir la verdad.

Crab Apple si mentimos (transformándonos físicamente) porque no nos gustamos, para que encontremos lo hermoso que hay dentro de nosotros.

Walnut si mentimos por la presión del ambiente y la de nuestros pares, para que podamos manejar esa susceptibilidad.

Me pregunto si los disfraces son una aproximación imaginaria o ¿son considerados una mentira?  Mejor me quedo con un sabio consejo de mi tío Héctor: “El que no miente se ahorra el recordar qué fue aquello que dijo, cómo lo dijo, a quién lo dijo y cuándo lo dijo”.



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