Confieso que no cocino

«Yo no doy recetas de cocina doy números de teléfono». Hace 20 años escuché a alguien diciendo esto y me lo apropié, pues mi relación con las hornillas es así de distante.

Debo reconocer que me he sentido hasta orgullosa de afirmar que eso de cocinar no va conmigo y que quien desee ser mi pareja debe aceptarlo, porque no pienso cambiarlo. Hace un par de semanas, como quien no quiere la cosa, la mamá de mi novio me dijo: «¿No te parece que deberías hacer un curso de cocina?».

No pude articular la respuesta porque hasta el agua se me quema, pero el consejo se me quedó dando vueltas; desde el ¿¡cómo se le ocurre!? hasta el ¿¡y si tiene razón!? han pasado por mi mente, interpelando mi mujerabilidad, tan sin herramientas ante el misterio de cocinar.

Me di cuenta de que no se trata de un acto de rebeldía feminista ni de emancipación hogareña, mi problema radica en que cada vez que me he propuesto preparar un plato, por sencillo que sea, los resultados son poco menos que desastrosos.

Siempre he pensado que, como buena gerente, seguiré encontrando una forma de solucionar el tema y que podría continuar coleccionando números de teléfonos de todo tipo de servicios de menúes, catering y comida a domicilio, pero una gran amiga, quien por rebeldía nunca cocinó durante su matrimonio, me sorprendió cuando me dijo que ese era el mejor consejo que me habían podido dar y que buscara el curso lo antes posible.

Según ella, cocinar es algo que debemos manejar para la vida, sin importar si somos hombres o mujeres, ya que no se trata de ser las abnegadas esposas que hacen desayuno, almuerzo y cena a diario, se trata de salir adelante con todo en cualquier circunstancia que sea necesario, porque no sabemos qué puede pasar.

Dejé de sentirme orgullosa por no saber nada de cebollas, ajo y pimentones, y aunque por supuesto no haré el curso la semana ni el mes que viene, estoy dispuesta a aprender una nueva forma de dar, porque creo que si ponemos el alma en preparar los alimentos del cuerpo, estos alimentarán mucho más que bocas, serán un acto que consolide nuestra capacidad de Amar concretamente.

 



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