¿Conoces tu huella de carbono?

Cada vez son más los cambios climáticos que se producen en el planeta debido al aumento de los gases con efecto invernadero (GEI) entre ellos el CO2. Existen evidencias que afirman que el calentamiento global que está sucediendo en la actualidad es principalmente causado por actividades humanas. Y es que casi todas nuestras acciones, los bienes que poseemos y utilizamos, contribuyen a la emisión de este tipo de gases.

Pareciera un tema que nos es ajeno, que tiene que ver con grandes industrias y organizaciones y que son ellas las que se deben encargar del tema. Pero no, cada uno de nosotros tiene una cuota de responsabilidad porque cada individuo deja su huella de carbono personal.

Huella de carbono es la totalidad de GEI emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto. Tal impacto ambiental es medido llevando a cabo un inventario de emisiones de GEI o un análisis de ciclo de vida según la tipología de huella, siguiendo normativas internacionales reconocidas, tales como ISO 14064, PAS 2050 o GHG Protocol entre otras.

Todos emitimos GEI en mayor o menor cuantía según los tipos de productos que consumimos, los alimentos que ingerimos – la producción y consumo de carne genera una alta emisión de GEI-, la manera de transportarnos, etc. Cada uno de nosotros tenemos el deber de realizar un consumo responsable y el derecho de conocer cuál es el impacto ecológico de los objetos y alimentos que consumimos.

Las empresas tienen la responsabilidad de  evaluar y cuantificar las emisiones de GEI que se emplean a lo largo del ciclo de vida del producto, desde la adquisición de las materias necesarias para su producción, hasta su gestión como residuos una vez consumidos.

Cuando usamos energía proveniente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas natural, carbón), estamos liberando un CO2 que estuvo atrapado en el interior de la tierra durante millones de años y lo estamos lanzando a la atmósfera. Y ¿qué podemos hacer al respecto? Utilizar más el sentido común, evitar el gasto superfluo de energía e intentar que los consumos sean lo más renovables posible.

Para calcular la huella de carbono hay que tener en cuenta todas las variables de la vida cotidiana: alojamiento (incluyendo la superficie, el consumo de energía y equipamientos), transporte (kilometraje hecho en coches, motos, vuelos en avión, transporte público, etc.), alimentación (cantidades de carne, pescado, productos lácteos, frutas, vegetales, legumbres, bebidas) y consumo (equipamiento tecnológico, suministros varios, muebles, ropa, entretenimiento, etc.)

La media global de emisiones de CO2 anual por persona es de 4480 Kg. Si tomamos algunas medidas como el uso razonable de la calefacción, aire acondicionado, reducimos la basura (evitando productos con muchos envases, usando bolsas de basura y botellas de agua reutilizables), conducir menos el vehículo, lavar con agua templada y no caliente, desconectar el calentador de agua cuando no esta siendo utilizado, utilizar bombillas de bajo consumo, podríamos reducir esa media anual de manera considerable.

Para compensar nuestro impacto negativo sobre el Planeta debemos incorporar hábitos sostenibles en la vida cotidiana como el reciclaje, el ahorro de agua y energía en casa, la reutilización de bolsas de plástico o la práctica de ecoturismo, entre otras.



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