Construir tu filosofía de vida (II)

Construir tu filosofía de vida (II)

En el artículo anterior hablamos de que contamos con ciertas instrucciones con las que podemos construir, restaurar o mantener nuestra casa filosófica. Nombramos los Momentos decisivos, las Expectativas, el Doble vínculo, los Impulsos negativos y las Opciones sagaces. Continuemos descifrando el manual que nos permitirá construir esa casa filosófica.

Expectativas

Siempre guardamos expectativas sobre nosotros, los demás, sobre cosas, sobre el mundo en general. Cuantas más expectativas tenemos más riesgos tenemos de sufrir frustraciones cuando estas no se cumplen según lo esperado. ¿El consejo? Trata de que tus expectativas sean siempre pocas y realistas porque éstas te preparan para lo peor. Si lo peor ocurre no es ninguna sorpresa. Y si lo peor no llega a suceder, es motivo de celebración. No tener expectativas es aún mejor. Si reducimos nuestras expectativas sobre el futuro, es difícil que este pueda decepcionarnos. Esto no significa abandonar nuestros esfuerzos ni dejar de prestar atención. Significa no dar nada por sentado. Desprenderse de ellas despeja el terreno de tu casa filosófica.

Doble vínculo

Podemos desarrollar vínculos, tanto beneficiosos como perjudiciales. En ambos casos pueden ser de dos tipos: aficiones o aversiones. Cada una de ellas puede ser normal. Por ejemplo, podemos sentir afición por una comida y aversión por otra que nos causa alergia; afición por un amigo y aversión por una persona que nos cae mal. Necesitamos de aficiones y aversiones para funcionar social y biológicamente, pero si las llevamos a los extremos pueden perjudicar nuestro funcionamiento filosófico. Las aficiones extremas producen obsesiones y las aversiones extremas, prejuicios. La mejor opción es tener vínculos positivos y evitar tener vínculos negativos. La idea es disfrutar de lo que hay cuando lo hay, pero no lamentarse cuando no lo hay ni anhelar su presencia cuando esté ausente.

Impulsos negativos

Las emociones negativas como el odio, el enfado, la hostilidad y el resentimiento, nos impulsan a hacer el mal y a experimentar y causar malestar. Todos, en determinado momento y en mayor o menor grado, experimentamos este tipo de sentimiento. El impulso negativo siempre es más perjudicial que beneficioso, absorberlo nos causa malestar (y puede que incluso un trastorno). Envenenar a los demás con nuestro enfado también nos envenena a nosotros mismos. La pregunta entonces es ¿Qué hacer cuando aparece? Para evitar el malestar, pasa el menor tiempo posible en las garras de los sentimientos negativos. No te tomes las cosas de modo demasiado personal. Así serás una persona más feliz y menos enfadada.

Transforma tu energía negativa en neutra o positiva con actividades que logren disipar el enfado sin dañar a nadie. El ejercicio físico, mental, dedicarse a las artes puede ayudarte a esta transformación.

Opciones y decisiones

Una filosofía de vida nos debería ayudar a tomar decisiones difíciles y elegir las opciones óptimas. Al respecto, podemos plasmar una reflexión de Margaret Mead, mencionada por Lou, que dice “Esta posibilidad de elegir, el reconocimiento de muchas formas de vida posible, cuando otras civilizaciones solo han reconocido una, debe considerarse el principal de nuestros triunfos”. 



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