Contigo… como sea

Es alarmante cómo en los últimos tiempos me ha tocado coachear (hacer coaching) a tantas parejas en las que una o ambas partes se hacen daño, donde uno es dependiente y el otro usa la dependencia como vehículo.

Muchas veces se crea una expectativa de la persona que es tu pareja y te aferras tanto a esa expectativa (que está en tu mente) que cuando no sucede lo que esperas, lo ignoras con la esperanza de que en algún momento las cosas se adaptarán a lo que tú quieres que sea esa persona. Una esperanza mal conducida, por miedo a la soledad, por negarnos a “fracasar”, o hasta por una obsesión infantil de que tenemos que estar con él/ella porque esa persona “es”.

Como el dependiente está convencido/a de que esto es “amor”, busca ayuda de un especialista, pero lo curioso es que en muchos casos no se tiene disposición a seguir recomendaciones, se está tan inmerso en una campaña irracional de cosas negativas que ello te quita la objetividad, mientras la relación se convierte en un círculo vicioso de manipulación para llamar la atención de la pareja, muchas veces destruyéndose a sí mismo/a para que la otra persona se sienta culpable, utilizando el sexo como ancla, manifestando una enfermiza abnegación descuidando sus propias necesidades patológicas… porque está “intentando salvar las cosas”, y la insistencia se vuelve obstinación y terquedad. Lo triste y peligroso es que el ser humano puede acostumbrarse a los problemas que no soluciona, tomándolos incluso como parte de su vida “normal”.

Pero no nos engañemos, esto más que amor es una marcada dependencia emocional causada por carencias afectivas y falta de autoestima. ¿Por qué? El ser humano tiene necesidades y la única que viene de nacimiento es la necesidad de amor y conexión.

Tan cierto es esto, que un recién nacido que no recibe amor puede desarrollar graves patologías como el marasmo y llegar a morir.

La carencia afectiva puede generarse de la niñez o de una etapa en la vida que haya sido importante y/o definitoria en la persona, y puede manifestarse de dos maneras:

1. Con frialdad, por necesidad de afecto o como mecanismo de protección para no sufrir.

2. Con apego, por miedo al abandono y codependencia en una relación aunque sea destructiva.

Esto está muy ligado a la falta de autoestima, porque si no nos tenemos un amor fuerte y sano, no sabemos cómo recibirlo de los demás ni cómo establecer límites cuando nuestro amor propio se ve afectado. Tampoco podemos brindar amor verdadero a otro si no nos amamos nosotros mismos, porque no podemos dar lo que no tenemos así como un árbol de naranjas no puede dar manzanas.

Hoy día tenemos un mayor conocimiento de cómo funcionamos como seres humanos.

Usemos las herramientas que antes se desconocían y en la actualidad están a nuestro alcance para conducirnos mejor como personas y relacionarnos mejor con otros, en especial con los seres que en verdad nos aman.



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