Continuamos aprendiendo acerca del arte de sembrar

Ya han pasado varias semanas desde que publiqué acerca del huerto que entre varios voluntarios se está levantando en un vecindario de Miami. Pudimos entre todos comprobar que la temporada de extremo calor causó que nos visitaran diferentes parásitos y gusanos que acabaron con la producción de pepinos y calabacines. Nuestro compañero que tiene más experiencia había advertido de esta posibilidad ya que las plantas pueden sufrir una caída en su sistema inmune cuando están expuestas a un excesivo calor.

Para esto descubrimos un antídoto natural hecho con las hojas de la planta Neem que en español se le llama Argosa o Paraíso (Azadirachta indica) y que es una gran panacea en la India y Tailandia. Dejas macerando por 24 horas sus hojas con agua lo que va a generar un olor fuerte, pero ese líquido resultante se embotella con un atomizador y se aplica a las hojas de la planta infectada. Igualmente se recomienda quitar manualmente los gusanos y sacarlos del jardín.

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También se recomienda utilizar tierra de diatomeas, un polvo de aspecto parecido al cemento que se utiliza en agricultura. Lo colocas alrededor de las plantas y también encima. Esto mantiene alejado a los insectos y es 100% orgánico.

Otro de los retos ha sido el mantener el nivel de las «hierbas» que poblaron el espacio en muy poco tiempo. Los voluntarios y vecinos nos estábamos sintiendo esclavos de ellas. El drama vino cuando nos tocó enfrentar al dueño del espacio ya que quería utilizar un herbicida químico apoyado por otros vecinos. Sin embargo escucharon la propuesta orgánica y nos permitieron apostar por ella, el mulch: acolchado o mantillo con residuos orgánicos resultante de la poda de árboles.

Logramos que una compañía dedicada a la poda nos donara este material de desecho. Con él pretendemos bloquear la luz para que no crezca la hierba. Esto imita lo que la naturaleza hace en los bosques y es una técnica de la permacultura. Usualmente las hojas de los arboles, sus ramas y frutos van cayendo en la tierra formando capas, y con el tiempo se van descomponiendo sin que el hombre intervenga en este proceso. Los pasos a seguir fueron:

  1. El área a cubrir se limpió de hierbas.
  2. La tierra se cubrió con una capa fina de cartón (la barrera para las hierbas). Esto bloqueará la luz y evitará su crecimiento. Las hierbas que se quedan atrapadas entre la tierra y el cartón serán residuo orgánico y mejorarán la calidad del suelo.
  3. Se colocó encima una capa de desecho orgánico (preferiblemente que sea una mezcla de madera y hojas) para imitar el suelo de un bosque.

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Este espacio que se ha cubierto con mantillo se irá descomponiendo y en unos meses se podrá sembrar sobre él si se desea, o simplemente volver a poner más mantillo para mantener su aspecto.

Esta experiencia me está enseñando acerca de cómo presentar nuevas ideas para que sean aceptadas, como pensar en equipo por un bien común y a redefinir la misión de este espacio. Porque en muchas ocasiones ha parecido que éramos dos bandos y cada uno íbamos hacia un lugar diferente.

Todo esto, unido a los gusanos, me hizo sentir un poco desanimada y cansada. Sin embargo se han sumado dos nuevas personas con experiencia y ganas que han venido a inyectar energía fresca cuando más se necesitaba.

El huerto se está preparando para empezar la siembra a partir de septiembre. Seguiré publicando nuestros avances, pero en definitiva la experiencia se va adquiriendo con ensayo y error, así que los animo a dar ese primer paso.

 



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