Conversaciones con mi ex

Hoy recordé las conversaciones con mis ex, muchas de ellas forjaron la persona que hoy soy, y otras dañaron la persona que anhele ser un día. Solo al recordarlas pude afirmar los valores positivos y sacar de mi vida el pasado que me estaba matando lentamente sino lo dejaba atrás para siempre.

Al comenzar mis estudios tuve que trabajar por obligación y no por que me gustara. Debía cancelar mis estudios y la única forma de hacerlo era producir dinero para generar los recursos necesarios para pagar mi residencia universitaria, libros, fotocopias, alimentación, transporte, entre otros gastos e imprevistos.

En mi vida he pasado por todo tipo de trabajos y jefes; hoy quiero que conozcas un poco más mi mundo laboral, en estas “conversaciones con mi exjefe” podrás encontrar cómo una persona puede formar tu carácter para toda la vida.

Mi primer trabajo fue en una empresa de artículos para niños, solo tenía 13 años, cuando con mis hermanos decidimos vender juguetes en la calle en época decembrina. Papa tenía una tienda de juguetes, pero entraban muy pocas personas, por lo que emprendimos el nuevo negocio con el anhelo de tener mejores ventas.

La sensación del trabajo cumplido y las buenas ganancias obtenidas junto a mis socios (2 hermanos), nos hizo ver más allá lo que anhelábamos en nuestra vida; ser nuestros propios jefes. Sin gritos, malos tratos y ganancias bajas, queríamos ser libres y emprender en nuestra vida para luego ayudar a emprender a otros.

Sin embargo, posteriormente mis estudios me obligaron a emplearme, por lo que mis sueños de libertad laboral sucumbieron ante los compromisos financieros adquiridos.

Los primeros años pase por diversos trabajos, desde ayudante veterinario, hasta viajero de repuestos automotrices, cada uno de los trabajos me permitió realizar un perfil de mi ex y entender que cada vez que terminaba una relación comenzaba un aprendizaje de vida.

Mi primer ex; cómo olvidarlo, me enseñó a “creer en mí mismo”.

Su primera pregunta fue; ¿Estás seguro que lo puedes hacer?, seguidamente aclaró su pregunta con otra; ¿Es que nunca has trabajado y no estoy seguro si eres capaz de hacerlo?

No respondí sus interrogantes, pero si me pregunte y respondí a mí mismo; ¿Qué si estoy seguro?, claro que lo estoy, soy una persona de éxito.

Paradójicamente metí la pata en el trabajo, mi ex nunca me explicó mis funciones, mucho menos los procesos a seguir lo que generó una serie de desaciertos que perjudicaron el clima laboral de mi primera historia de empleado. Luego de múltiples cuestionamientos sobre mis capacidades laborales y mi inteligencia, decidí dejar el trabajo.

Esta primera relación me permitió creer más en mí mismo, “Nunca más nadie me dirá que no soy capaz”, mi primer fracaso laboral a los 17 años me lleno de coraje, valentía y fe en mí mismo. Descubrí que la motivación laboral no era el sueldo, el jefe o el tipo de trabajo; mi motivación laboral venía desde lo más profundo de mi ser, si yo estaba motivado todo saldría bien, no importaba lo que me dijeran en el futuro, yo decidí; “Creer en mí mismo”.

Mi segunda relación laboral fue un poco más placentera, ya había crecido en mi autoestima y automotivación, por lo que me mantenía enfocado en lo que tenía que hacer, así no lo hiciera muy bien al principio.

Mi segundo ex me enseño; “Paciencia”.

A diferencia de mi primer ex, mi segundo ex me enseño todo lo que tenía que hacer, cada proceso, cada paso a seguir y me ilustró muy bien el manual que debía seguir al pie de la letra. Era una empresa de manufactura, lo que me permitía seguir procesos claros y cumplir mis tareas en un tiempo determinado.

Sin embargo mi ex era un abusivo, solía gritarme, faltarme el respeto y hasta vejarme por mi inexperiencia, cada vez que me equivocaba me decía; “Bruto te explique lo que tienes que hacer”, cuando tenía alguna idea nueva, con gritos me aclaraba el panorama; “Yo no te pago por pensar, eres muy bruto para tener una buena idea”.

Sin embargo, a pesar de mis errores, nunca me despidió, sabía que necesitaba el empleo y toda su rabia no llegaba tan lejos como para despedirme, así que decidí armarme de paciencia y soportar; necesitaba el trabajo y podía aguantarme unos gritos si tenía el dinero para pagar mis estudios.

Esta relación con mi ex me lleno de un grado de paciencia tal, que llegue a ser más dócil, solía explotar ante la primera dificultad, solía gritar a las personas y hasta mis padres en algunas oportunidades, así que desde el otro lado me di cuenta el daño que hacía con mi actitud y decidí ser más paciente y cambiar.

Al renunciar a mi segundo ex, conocí a un tercer ex en mi camino laboral, este jefe podría ser el ideal para muchos, pero a mí me enseño; “Responsabilidad”.

Mi nuevo exjefe fue todo lo contrario al anterior, jamás me grito, jamás me pidió cuentas, jamás me reclamo, jamás me pregunto porque llegaba tarde o no hacia el trabajo, el solo era una momia sentada en su escritorio.

El no cumplía las normas ni los procedimientos, no le importa la productividad de la empresa, le llamábamos “el inconsciente”, porque no se percataba de nada de lo que estaba pasando y mucho menos le dolía las perdidas laborales. Ver su actitud diaria me llevo a ser más responsable con mi trabajo, y crearme un patrón laboral en donde semanalmente evaluaba mi desempeño, entendí el sentido de “responsabilidad”, no cumplía porque mi jefe me gritaba exigiéndomelo, cumplía porque quería ser mejor cada día y demostrar que era responsable en lo que hacía.

Tuve muchas relaciones laborales, ex iban y venían, exjefes y exjefas, cada uno me enseñaba un valor laboral que serviría para sumarlo a la lista de valores organizacionales de mi propia empresa y servirían para entender el clima laboral de cada una de la organizaciones que hoy en día asesoro. Entendí que los ex no eran tan malos después de todo y que cada de uno de ellos hizo que mi vida fuese mucho mejor.

mal jefe

Cuando te topes con un mal jefe, recuerda que pronto será tu ex.

Los malos jefes no son eternos, siempre se van, ya sea porque los remuevan de su cargo, o porque tú mismo decidas no seguir soportando una relación que no va a ningún lugar.

Una buena relación laboral, reconocerá lo importante que eres para ella, te dará tu lugar, sea él que sea en la escalera organizacional, generará confianza en ti y libertad para ver que esa confianza salga a flote con tu desempeño.

Una relación laboral sana, jamás te vera como la pareja del momento, esperando que otra mejor venga en camino, se enfoca en la reciprocidad; busca maneras en las que puedan alcanzar juntos sus metas personales y profesionales. Invierte tiempo valor y esfuerzo en sus empleados, sabiendo que ellos lo están haciendo por lo organización.

Un buen jefe se involucra, pero reconoce los límites, sabe hasta dónde puede y debe llegar antes que la relación laboral se dañe y se fracture, y reconoce diariamente el calor que cada uno de sus trabajadores es para el equipo.

Jamás dejarías una buena relación de manera consciente, es por eso que debes identificar claramente tu relación laboral, si tu actual jefe no es muy bueno, hay varias maneras de soportarlo, antes que se vaya o te vayas a otro lugar, entendiendo que si estás allí es porque necesitas crecer en paciencia, optimismo, perseverancia, confianza y creer en ti mismo.

Nelson Mandela decía que «Un verdadero líder usa cualquier problema, no importa qué tan serio o sensible sea, para asegurar que al final emerjamos más fuertes y más unidos que antes».

Cada relación laboral te convertirá en el mejor jefe que haya existido si logras leer entre líneas y aprender de los desaciertos, cada vez que aparezca un mal jefe, recuerda que los ex se extrañarán en algunos casos pero si quedaron atrás es porque talvez nunca debían estar a tu lado.

@norbeyrodriguez
Comunicador/ Teólogo /Coach
www.corpoleader.com
[email protected]


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