Conversaciones con “otras” mamás

Una vez que supe que no podría ser madre, sentí la imperiosa necesidad de interrogar sobre el tema a cuanta mujer se cruzaba en mi camino. Jóvenes o mayores, yo sólo quería saber si habían tenido hijos y cómo había sido su experiencia.

Para mi sorpresa, me encontré de todo. Muchas mujeres que se declaraban felices de haber sido madres. Pero más de una que me decía que si pudiera volver a vivir su vida, esta vez no tendrían hijos. En particular me llamó la atención la experiencia de una mujer de ya unos 70 años, con tres hijos profesional y personalmente realizados, a su vez con niños estupendos, que me decía: «yo tengo tres hijos y tengo tres problemas. Si tuviera cinco, tendría 5 problemas. Mis hijos me han separado de mi marido y creo que mi vida habría sido mucho más feliz si no los hubiera tenido». Su sinceridad me desarmó. Estaba sumamente segura de lo que decía. Apoyaba y admiraba el hecho de que yo no fuera a tener hijos. Le comenté que lo había intentado, pero que no podía: «bendito sea Dios», fueron exactamente sus palabras. Quería a sus hijos a rabiar, por no hablar de su pasión por sus nietos y aún así se mostraba segura de haber querido tomar otro camino si le fuera dada la oportunidad.

También conocí a una madre de trillizos (tenía en total cinco hijos) que me dijo que siempre pensó en que no iba a ser madre, que su sueño de joven era vivir en un apartamento de soltera y dedicarse a su trabajo y a sí misma.

También conversé con muchas otras mujeres que no quisieron o no pudieron tener hijos. Incluso algunas muy jóvenes que yo pienso cambiarán de opinión una vez se acerquen a la madurez física que fue lo que me movió a mí.

Éstas hablaban de la libertad que les suponía no tener hijos, de esa compenetración con sus parejas que yo conocía bien. Ninguna sonaba arrepentida o con sentimientos encontrados sobre el tema.

Aún sigo en mi especie de encuesta vital. También lo hablo a veces con hombres, pero es muy distinta su posición. Para la mayoría de los hombres con quienes he conversado, los hijos eran cosa de la mujer. Ellos se limitaban a tener un papel de proveedor de la comodidad material en el hogar, pero poco más. También he conocido a padres sumamente implicados y que trabajan codo a codo con sus mujeres en todo lo que concierne a sus hijos.

No llego a sacar ninguna conclusión. O sí, que cada uno tenemos nuestro camino y que lo tendremos que recorrer solos o acompañados, bien por uno, que ya es una gran suerte, o con dos o tres o cinco más.



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