Convivir con la incertidumbre

Convivir con la incertidumbre

Vivimos días de incertidumbre. Mucha incertidumbre.

Los cambios que ocurren a nuestro alrededor van más rápido del tiempo que demoramos en procesarlos. Y cuando todo parece estar bajo control… vuelve a cambiar. La incertidumbre ya es parte de nuestra vida diaria y debemos aceptarla o nos robará la paz.

Una de las razones por las que no podemos convivir armoniosamente con este titubeo constante de la realidad es por nuestra caprichosa necesidad de estar mirando hacia el futuro. Estamos esperando que las cosas cambien, que se mantengan, que crezcan, que suban, que bajen o que terminen. Pero esperamos, siempre esperamos algo.

Y nos olvidamos de mirar el presente, el único espacio donde la incertidumbre puede encontrarse con la paz.

Trabajamos para lograr resultados, pero llevamos toda la atención a los resultados y no disfrutamos de lo que nos pasa. O vivimos tratando de entender todo lo que sucede y para lograrlo, rebuscamos en el pasado, el único lugar donde es posible encontrar información para intentar entender el presente. Pero a veces, ni siquiera el pasado nos da razones para entender el presente. Y el titubeo sigue. Y no estamos en paz.

Es por eso que en estos días propongámonos no perdernos en tratar de diseñar con exactitud nuestro futuro, ni de entender todo lo que nos pasa. En su lugar, dejemos que nuestro propósito sea tener paz con lo que nos sucede, en este momento.  Y la incertidumbre ya no será una amenaza.

Lo lograremos cuando nos conectemos con lo que tenemos y no lo que nos falta, lo que nos sucede y no lo que ocurrirá, con quien estamos compartiendo y no con quien esperamos que llegue. Conectarnos con lo que ocurre hoy, ahora, en este momento. Esa es la puerta para encontrar la paz.

Y cuando estemos en paz, veremos las cosas de otra manera.

Si, respiremos…



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