Copias de la memoria

Hemos nacido con los sentidos bien abiertos, y de alguna forma queremos agradar a nuestra persona en un mundo de obligaciones y reglas.

¿Cuándo es el momento perfecto? ¿Por qué a veces es tan sano satisfacerse, y otras, el mismo hecho parece dejar vacía al alma?

A veces la forma de librarnos de un deseo que obsesiona nuestra mente, es satisfacerlo y punto, nada más, sin excesivos regodeos que nos aten de nuevo a la repetición y la memoria.

Otras veces al igual que en algunas adicciones, resolvemos las cosas poniendo nuestra mirada en otro deseo más inofensivo, un deseo menor que tapa la intensidad del que no conviene por los flecos que trae y las consecuencias que acarrea.

La naturaleza es sabia. Y algo sabio en nosotros sabe de verdad cuándo satisfacer el deseo y cuándo aplazarlo. Y sucede a menudo que precisamente cuando ya no deseamos, es cuando, de pronto, de forma fácil y sin forzar, llega gratuito lo que tanto regala.

En realidad, buscando y buscando el objeto de deseo, paradójicamente parece cada vez que más se aleja. finalmente será la vivencia del momento presente, la que disuelva promesas de lo que será un anticipo ilusorio y una fotocopia de la memoria.

Cuando el deseo que expresa nuestra naturaleza está en sintonía con el querer de nuestra voluntad honda, el universo abre las puertas y el placer convertido en gozo, fluye en la corriente de nuestras células.

Preguntémonos si el deseo que nos disponemos a satisfacer, responde al anhelo de nuestra alma. Si no es así y tan solo responde al juego del cuerpo, estará bien, sin embargo si resuena con un anhelo de nuestro propósito más profundo, haremos de ese momento historia.

El cuerpo desea. La mente quiere. Y el alma anhela. A veces suena la música trina en momentos de gracia que nos visitan.

La generosidad comienza por nosotros mismos, y el deseo lo ha puesto la Inteligencia de vida para celebrar el ágape sagrado en el seno del misterio que nos respira.

Si cada día meditamos por la mañana y escuchamos a nuestra intuición señalar los ecos de la jornada, tendremos más garantías de no bajar la guardia de la atención, y mantener la sintonía con la sabiduría de nuestra alma.

Que la fruta nos encuentre atentos y dispuestos. Y que oigamos asimismo las melodías que señalan si es llegado el momento de equilibrar la balanza y compensar la energía dedicada.

Demos a nuestro cuerpo, mente y alma, el goce que cada nivel requiere para honrar la vida y rebosar de gratitud y alegría la vida cotidiana, dar a las cosas su justo valor, no es ni mucho menos la obsesión que seria caer en el mismo al revés; se trata de encontrar el limite entre superfluo y el necesario.



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