Cortar los lazos del dolor

Cuando no hemos resuelto en armonía los pendientes con nuestros padres, las parejas se transforman en meros reemplazos de ellos y seguimos creando el mismo tipo de relación. Con ellos, o quienes ejercieron el rol materno y paterno en nuestra infancia, fuimos aprendiendo a definirnos. Y lo más probable es que haya alguno o muchos rasgos de sus personalidades que hemos heredado. Especialmente lo que hoy nos molesta tanto de ellos, son sombras que siguen en nosotros. Pero lejos de asumir la responsabilidad de cambiar, gastamos esa energía que nos alcanzaría para transformarnos haciéndolos culpables. Así,  comenzamos a enumerar lo que no nos gusta de nuestros padres o de la pareja.

Debemos entender que es nuestra responsabilidad revisar la herencia energética de nuestros antecesores, manifestada a través de las creencias, estilos de vida o actitudes que hoy se manifiestan tanto en nuestra personalidad como en la forma que nos relacionamos.

He visto como, en muchas oportunidades, nos vengamos de nuestros padres con las parejas, o los jefes, o los amigos, sin animarnos a dar el paso para cortar la cadena de temor.

Por ejemplo, cuando no nos hemos sentido apoyados por nuestros padres, aunque no haya sido realmente así, sino nuestra percepción, atraemos relaciones que nos siguen desaprobando mientras nosotros seguimos haciendo todo lo posible por agradarles. Este es terreno fértil para las relaciones co-dependientes, una de las energías más corrosivas en las relaciones.

 ¿Qué hacer?

Es importante liberarnos de esa herencia conscientemente para que recobremos la energía del presente en nuestras relaciones. Para eso, podemos ayudarnos con una pequeña ceremonia que simbolice este corte de lazos. Traigamos a nuestra mente la imagen de los padres o las personas con quienes compartimos los primeros años de vida. Reconozcamos lo que no se siente cómodo en nosotros –actitudes, formas de ver la vida o alguna forma de miedo– e identifiquemos de quién recibimos esa herencia. Al “sentir” a los mayores podremos ubicar esa energía en uno de ellos. Devolvámosla, agradeciendo y reconociendo que inconscientemente la habíamos hecho propia, pero que ya no nos  pertenece. Podemos identificarlos con algún objeto, una foto o un papel si fuera necesario. Lo más importante es que experimentemos la partida de esa energía desde nosotros y la devolución a nuestro  ser querido. Finalmente, abracémoslos y sintamos como, de todas maneras, contamos con su amor y aprobación. Y ellos, de nosotros.
 



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