Cosas buenas que me han pasado

Hoy comencé a escribir con una sensación de opresión en el pecho.  Me senté, obligándome a encontrar algo gratificante en los últimos días. Mi mente tiende a engrandecer lo que menos me gusta de lo que está pasando. Comencé a escribir desconsolada pero el ejercicio funcionó…

Cosas buenas que me han pasado este mes:

Lloré un día durante casi todo el día. Saboreando las lágrimas y escuchando los gemidos. Limpiando mis ojos, mi nariz y mis pulmones. Recibiendo el caluroso consuelo de los míos. Aprendiendo a dejar ir. Estrechando nuevamente la humildad y la aceptación y encontrando fuerzas para continuar, pese a la oportunidad que vino y se fue.

Me comuniqué nuevamente con un alma gemela que parecía estar lejos. Este encuentro me hizo recordar que entre los buenos amigos no existe el tiempo ni la distancia. Pasé todo ese día sonriendo, agradecida por la posible conexión entre nosotros.

Tuve una sesión de amor en la que perdí la cuenta de los orgasmos. Necesité concentración para lograrlo. Fuerzas para soportarlo. Amor para sentirlo y expresarlo. Tuve el espacio. Un espacio externo cómodo y un espacio interno muy amplio, propiciado por mi meditación constante, el cual me dio la sorpresa de aparecer en pleno acto de amor. Allí mis ojos se expandieron hacia un inmenso vacío, y encontré,  más allá de mi coronilla, a la eternidad que me contiene.

huevosMis gallinas comenzaron a poner huevitos. Mis niñas son felices descubriéndolos y contándolos cada mañana, trayéndolos a la cocina aún tibios para el desayuno. Veo que el cartón de huevos de supermercado quedará allí hasta empolvarse.

Por primera vez fui a escalar en roca por mi cuenta. A pesar de lo miedosa que soy, me fui sin alguien que escale mejor que yo para resolverme cualquier problema o abrirme la vía si el miedo me contrae. Ahora sé que estoy aprendiendo a desenvolverme y acaricio suavemente los asomos de mi progreso.

Aprendí a volar en un sueño, en postura de Loto además. Según recuerdo, era una técnica basada en una relajación tan profunda que elevaba mi cuerpo del piso y, ayudada por el anhelo de elevarme, me propulsaba suavemente hacia arriba. Debía mantener la concentración para no caerme. Me caía y lo intentaba de nuevo. No me conocía estas facultades en el mundo onírico.

Antes de sentarme a escribir, pensaba que este no había sido un buen mes. Pero, ahora que lo miro retrospectivamente, ahora que recuerdo que la vida son instantes y me dedico a contemplarlos, debo decirlo:  me siento muy agradecida.

Y a ti: ¿qué cosas buenas te han pasado este mes? ¡Escríbelas ya!.

 



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