Covid-19, de la interacción social al aislamiento social. ¿Qué hacer?

Covid-19, de la interacción social al aislamiento social. ¿Qué hacer?

Del mundo globalizado al mundo fragmentado, ya no solo por fronteras geográficas, ideológicas, económicas sino por las paredes de nuestras moradas. Separados y a distancia todos de todos, todos en todo.

Somos seres relacionales, nuestras interacciones sociales, nos compensan, nos nutren, activan nuestros sistemas orgánicos. Como especie gregaria nos vinculamos y solemos confrontar los problemas de manera colectiva. Hoy para resguardar nuestra propia vitalidad el llamado es a reducir al mínimo el contacto social, a aislarnos si es preciso. La Pandemia decretada por la Organización Mundial de la Salud, el Covid-19, que enajena nuestros espacios compartidos, nos ha puesto un gran reto como humanidad.

Y nosotros, seres gregarios y ávidos de estar y ser en comunidad: ¿Qué nos queda? ¿Qué podemos hacer, además de seguir todas las recomendaciones profilácticas? Nos queda mirar hacia adentro. Es otras palabras, convertir esta gran amenaza en una oportunidad para interactuar entre los que compartimos un mismo espacio, o para relacionarnos de manera más sana con nosotros mismos.

Y en ese mirar hacia adentro ¿qué oportunidades tenemos?

  1. Nutrirnos de nuestra propia historia: esa que hemos venido escribiendo por alineaciones familiares. Ver en nuestras raíces que somos lo que somos gracias a una cadena de generaciones que hizo posible que ahora estuviésemos aquí. Y el tema no es perdonar o aceptar las posibles afrentas, ni siquiera agradecer todo lo dado, solo es honrar, reconocer que estamos y somos porque esas generaciones estuvieron primero.
  2. Escuchar a nuestro cuerpo: ese que es nuestra única morada real, detenernos en un ritmo pausado y cambiar el ritmo agitado y vertiginoso por el ritmo lento de nuestras longevas tortugas. Y, luego, al volver a la vorágine de la cotidianidad socialmente compartida, tendremos el aprendizaje de poner pausas conscientes y por decisión propia a nuestro día a día.
  3. Avivar nuestra relación con el todo: además de ser seres sociales, también somos seres espirituales, conectados con el todo. Somos ese todo, y no una parte, sino la totalidad manifiesta en forma singular. Podemos meditar, orar o simplemente contemplar nuestro alrededor. Incluso no necesitamos verlo físicamente, podemos remorar lugares naturales en los que hemos estado, y vivenciar y comprender que somos uno con el universo, semejantes a ese universo indivisible del cual hemos heredado todos sus componentes.

Desde esas tres sencillas prácticas podemos seguir conectados con el todo, conectados con el campo de la totalidad manifiesta y seguir siendo empáticos, copartícipes en medio de este aislamiento social, porque al fin de cuentas seguiremos interactuando socialmente en un nivel diferente, evolucionado como especie.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay



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