Cree en ti y déjate en paz

Soy Escritora, con la primera en mayúscula, sí, porque he de empezar a creérmelo. Puede que cometa alguna falta de ortografía; de tipografía en las maquetaciones; que mis oraciones no tengan la estructura perfecta o mis historias necesiten más desarrollo, pero escribo y cuento historias. Primero para mí y luego decido si compartirlas o no.

Dar el salto al vacío o quedarme con ellas guardadas en un cajón.

Pero estoy comenzando a notar que la presión por dar contenido de calidad me está bloqueando la espontaneidad al dar y compartir. Es cierto que nos superamos cada día y que una vez que tienes una obra algo conocida, las expectativas sobre lo que escribes crecen.

Pero si me apetece escribir una historia distinta o más ligera sin buscar la perfección en cada palabra que escriba, pues lo hago y listo. Si no lo hiciera sería porque puede más la presión de lo que los demás opinarán o dirán, de las comparaciones que hagan entre mis libros. Muy lógico todo ello, yo misma lo hago con mis obras y las de los demás. Pero ya está. No tiene la menor importancia.

Eso no me tiene que impedir escribir lo que me dé la gana y compartirlo, siempre y cuando tenga una mínima calidad, que al menos yo crea que he hecho lo mejor que he podido con esa obra: pulirla, corregirla y mimarla.

Si gusta o no…son las expectativas de los demás. Yo he dado el salto y lo mejor de mí.

Esto se puede aplicar a toda decisión en la vida profesional o no.

A veces las expectativas que ponemos en nuestros actos o lo que los demás esperan de nosotros nos paralizan. Hasta el punto que dejamos de hacer algo que nos gustaba o apasionaba por puro agobio o miedo o perfeccionismo.

Sinceramente, no es tan importante. Ni siquiera para ti. Puede que te equivoques, puede que fracases, puede que te critiquen a ti o tu obra… y qué.

Todo lo que te ayude a crecer como persona o como profesional, bienvenido sea. Pero quienes necesiten andar criticándote a ti o lo que hagas, es problema de ellos. Quítale toda la importancia, no dejes que te afecte, porque no importa absolutamente nada.

La vida está ahí fuera y dentro de ti. Pero la vivirás según interpretes todo lo que ves y piensas.

Es lo más grande que tenemos, pero hemos de quitarle importancia a lo que nos sucede por más dramático que sea. Si estamos pasando un duelo, lo vamos a pasar tanto si lo aceptamos como si nos resistimos. Y ambas reacciones están bien, en el sentido de que están sucediendo.

No peleemos todo el tiempo contra nosotros mismos. Aprendamos a vivir con nuestras decisiones. Si estamos tristes no nos culpemos por estarlo… tendrías que sentirte afortunado en vez de estar llorando por las esquinas. Sal ahí y pelea. Tienes que esforzarte por sentirte mejor en la vida, etc… Esa voz interior que a veces no nos deja tranquilos; que lo mismo nos puede animar que machacar.

Como si vivir fuera una tensión continua contra algo, contra ti mismo, contra lo que te sucede, contra tu vida.

Dejémonos en paz.

Estaba pensando en dejar de escribir. Es complicado seguir en esto a no ser que seas best seller. Ocuparme exclusivamente en la psicología, aportar a otras personas formas de tener más bienestar.

Pero esta mañana me encontré un mensaje en Messenger de una persona desconocida que había leído una de mis novelas, y me preguntaba cómo podía dar orden y sentido a sus sentimientos para escribirlos. Si yo podría orientarla. Por supuesto, lo hice.

Al hacerlo recuperé la ilusión de poder acompañar a otras personas a través de la escritura. Unir terapia y escritura. De una forma u otra poder dar valor siendo yo misma.

De momento, os dejo una Guía de bienestar en la que estoy trabajando y un vídeo de la misma. Gracias por leerme.



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