¿Creencias que crean?

Dicen algunos gurúes que donde el hombre pone su atención en eso se convierte, y en las redes sociales abundan las afirmaciones sobre el poder de las creencias, los pensamientos y las emociones para mover y dar forma a nuestra realidad. Tal vez eso explique por qué muchos padres que se angustian tratando de controlar absolutamente todos los factores ambientales, para evitar que sus niños se enfermen o se caigan, obtienen el efecto contrario, y las visitas al médico se convierten en rutina.

Aunque lo parezca, la creencia de que mojarse con la lluvia afecta la salud no cuenta con la aprobación de la mayoría de los progenitores. Muchos permiten sin temor que sus hijos disfruten sintiendo las gotas que caen desde el cielo, y aseguran que jamás se han enfermando por eso. Mientras que algunos que resguardan a sus pequeños con impermeables, abrigos y paraguas pueden probar con constancia médica los resfríos que les ha causado mojarse en la calle.

También existen los testimonios de las mamás que llevan a los hijos al parque y disfrutan despreocupadas de un libro o una conversación, mientras sus retoños corren, se lanzan y juegan, y regresan a casa enteros y sin rasguños; en contraste con experiencias de madres que desde que salen de la casa le advierten al niño que se puede caer y no tarda mucho tiempo para que ocurra.

Y así, hay niños que tienen el permiso para jugar con tierra, mojarse en los charcos, arrastrarse por el piso, llenarse de barro, y otros no, de acuerdo con las creencias y los temores de sus padres. Incluso en una misma familia se puede dar esa diferencia de criterios entre papá y mamá, y se convierte en un problema al momento de decidir lo que el niño puede hacer.

Creer o no en la afirmación metafísica de que cada quien es causa de su propia realidad, a través de sus pensamientos, sus emociones y su verbo, es una potestad personal. Sin embargo, alguna diferencia debe significar ejercer y vivir la crianza desde la confianza o desde el temor, desde la angustia o desde la tranquilidad. Todo padre siempre podrá elegir entre enfocar sus pensamientos en lo bueno que pasará o en lo malo que sucederá, o en la certeza de que su hijo estará bien o el agobio de que el peligro lo acecha.

¿Será que realmente tiene un efecto directo en la realidad ver desde un punto de vista o desde otro? ¿Será cierto que las creencias crean circunstancias? Podría valer la pena darse la oportunidad de averiguarlo, empezando por identificar si se vive en la dimensión de la confianza o en la del pánico. Dicen que la fe mueve montañas y que el miedo atrae. ¿Será que la fe se entrena y el miedo se supera?



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