¿Crees que es sano dar otra oportunidad? (Una historia de la vida real)

¿Crees que es sano dar otra oportunidad? (Una historia de la vida real)

Patricia tuvo una relación de pareja bastante compleja, al punto que no sabía si llamarla relación o poder afirmar que estuvo en pareja. Durante más de dos años vivió una relación de alta zozobra. Él le contaba cosas a cuenta gotas, de eso sí estaba clara; no era una comunicación abierta como ella estaba acostumbrada. A ella le gustaba compartir lo que le pasaba, lo que pensaba, lo que sentía… él se aislaba cuando estaba molesto, tenía períodos de desaparición muy frecuentes para su gusto, una comunicación más de Whatsapp que presencial, y es que él estaba siempre muy ocupado, amén de que era la persona más acontecida que hubiera conocido en su vida, al punto que Patricia estaba segura de que si algún día aterrizaba un ovni, lo haría en casa de él.

No obstante, él le aseguraba que la amaba, era por demás atento con ella en las escasas ocasiones que estaban juntos, le enviaba flores y le hablaba bonito haciendo declaraciones de amor de esas que llegan al alma, lo que la confundía enormemente… ¿De verdad me ama? ¿Soy yo la que intenta absorber? ¿Debo aceptar que es muy reservado? ¿Será que ama en forma diferente? Y así muchas preguntas pasaban por su cabeza…

Un día, en este cóctel de emociones y ante los intentos de ella de entender qué era lo que estaban viviendo, él le escribió por Whatsapp: “En este momento no quiero ni puedo tener una relación contigo”. Así, por texto, sin más explicaciones como era su estilo, y Patricia desapareció de su vida, se alejó con rabia y mucha tristeza, y lo bloqueó para poder poner fin a ese medio de comunicación que tenían.

Un año y medio después, ella que era una apasionada del crecimiento espiritual se encontraba trabajando en el perdón y, por supuesto, él fue una de las personas elegidas para trabajarlo. Fue realmente liberador, la rabia se había ido, y era tanto el bienestar que ella sentía que no solo lo desbloqueó, sino que le comunicó por mensaje lo que había hecho, que solo quería que él supiera que lo perdonaba, pero eso no quería decir un nuevo capítulo de esta historia. Si embargo, este encantador de serpientes volvió a sus andanzas, le dijo que seguía amándola, que reconocía que se había comportado en forma inadecuada, que había cambiado y que se lo iba a demostrar.

Lo vio una sola vez. Recibió flores, pero nada había cambiado. Otra vez la confusión, ante lo cual Patricia le pidió conversar personalmente. Ella necesitaba aclarar que eso que estaba sucediendo era justamente lo que tanto daño le había hecho en el pasado, y que era necesario aclarar, es decir, o eran amigos o lo iban a intentar, pero en forma diferente.

Esa conversación no pudo ocurrir. Él la difirió tres veces alegando urgencias, complicaciones que solo él podía atender, pero una vez más por texto, sin dar la cara y pidiéndole paciencia, que en una semana se resolvería, -¿se resolvería qué?-, pero no, él no estaba dispuesto a contar nada, aun a sabiendas que esto la afectaba profundamente. El misterio no dejaba de estar presente, y ante la insistencia de ella volvió a sacar su lado oscuro… y así una vez más ambos volvieron a bloquearse.

De esta historia se desprenden interesantes enseñanzas:

  • Si bien existen formas diferentes de amar, el interés en el bienestar de la persona amada es característica común, y si no está presente difícilmente podemos hablar de amor.
  • La comunicación y la confianza son piedras angulares de toda relación. El misterio aleja, separa y seguro esconde; pero el amor es transparente, tranquilo, da paz.
  • Perdonar es sano y liberador, pero esto no quiere decir que dé origen a un nuevo inicio. Hay ocasiones en las que sí es conveniente, lo cual depende de la magnitud del daño y de la intención real de resarcir con hechos aquello que hirió a la persona.


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