Crianza respetuosa y límites. Entrevista a Ramón Soler y Elena Mayorga

En este especial sobre Crianza Respetuosa y Límites, hoy toca el turno de entrevistar a mis amigos y solidarios colaboradores en el trabajo de difusión de nuevos paradigmas de crianza, Ramón Soler y Elena Mayorga, codirectores de la revista Mente Libre.

Disfrútenla…

RAmon-ElenaAntes de comenzar con la entrevista nos gustaría realizar una pequeña reflexión sobre el término “límite” en la crianza. Este término, para muchas personas, sobre todo aquellas que en sus infancias recibieron crianzas violentas, restrictivas o coercitivas (por activa o por pasiva, es decir por exceso o por dejadez) levanta muchas suspicacias. No debemos confundir el hecho de acompañar a nuestros hijos, desde el respeto, en el descubrimiento de sus propias fronteras (fronteras que cambian y mutan a medida que el niño crece), con la idea de limitarles en su crecimiento como les ocurre a personas que han recibido violencia física y/o emocional en su infancia y han visto cómo sus posibilidades de crecimiento y expansión fueron mermadas. Los niños que reciben un acompañamiento respetuoso, que son cuidados, amados, respetados, que aprenden que hay que cuidar, amar y respetar a los otros, son niños empáticos y cooperativos, no son niños que han sido limitados, sino que son niños que han crecido en un entorno seguro, que han podido madurar sus habilidades y cumplir sus necesidades de desarrollo de forma autónoma y protegida. Los niños que crecen sin fronteras, sin acompañamiento, ya sea por exceso de coacción o por falta de sostén, son personas que acaban perdidas, con baja autoestima, que desconocen dónde están anímica y emocionalmente, y reaccionan centrándose en sí mismas, incapaces de empatizar y de comprender el dolor y el sufrimiento ajenos.

¿Qué importancia tiene para la educación emocional y social de los hijos el reconocimiento de los límites y cuál es nuestro papel como progenitores o educadores en esta tarea?

Los padres somos los responsables del cuidado y del bienestar emocional de nuestros hijos y, como parte de este cometido, se erige el compromiso de proporcionarles las herramientas básicas para la convivencia respetuosa junto a otras personas. Los seres humanos somos seres sociales, lo que implica que existen unos límites mínimos de convivencia y respeto que todos debemos conocer y cumplir.

A medida que nuestros hijos van creciendo, nuestra labor es la de acompañarles en su maduración, en su comprensión, para que, llegado el momento apropiado, puedan realizar una transición pacífica y satisfactoria desde el mundo íntimo de la familia hacia la convivencia sana y equilibrada con otras personas. Si ha recibido desde el exterior (desde su entorno más cercano) la seguridad suficiente para crecer y madurar a su ritmo, cada niño realizará esta transición cuando alcance el grado de madurez oportuno.

¿Qué opinan sobre los sistemas de castigos y premios (nalgadas, el un dos tres, tiempo fuera o silla de pensar, cartelera de puntos, estrellitas y caritas sonrientes) para educar o criar a los niños?

Los premios y los castigos son formas de manipular y forzar a los niños a comportarse como los adultos lo consideran oportuno.

Realmente, educar usando premios y castigos no enseñan al niño los verdaderos motivos por los que no está bien insultar o no puede pegar. No aprende a empatizar con el otro (que sería la solución a muchos de los problemas de nuestra sociedad), sino a qué es lo que tiene que hacer para evitar el castigo o para conseguir el premio.

Si no pego ni castigo ¿cómo le pongo límites a mi hijo?

Además de mostrarlo con nuestro propio ejemplo, existe una forma muy sencilla de mostrar a los hijos los límites necesarios para poder convivir en sociedad, desde el respeto y sin tener que recurrir a los cachetes o los castigos: “explicar el porqué de las cosas”.

Con frecuencia todos escuchamos a muchos padres y madres regañar a sus hijos diciéndoles “no puedes hacer esto” sin darle ninguna otra explicación. Esto resulta desolador para el niño y no es nada instructivo.

Por el contrario, si les vamos explicando “si pegas a otro niño, le duele” o “si insultas a otro niño, se va a sentir mal”, van integrando en su interior las normas de convivencia en sociedad que comentábamos anteriormente.

¿Según sea la edad, cómo podemos ayudarles a reconocer dichos límites de una forma respetuosa hacia su integridad como persona?

Obviamente, el estado evolutivo de un niño de tres años difiere mucho del de un niño de ocho y esto afectará a su manera de aprehender la vida. Corresponde al adulto adecuar su lenguaje a la edad de cada niño, también, el comprender que a medida que nuestros hijos crecen, los límites deben ir adecuándose a su edad y a su grado de madurez. No dejamos cruzar la calle solo a un niño de catorce meses, sin embargo, con seis años, los niños ya son conscientes de que tienen que mirar a los lados antes de cruzar porque los coches y las motos son peligrosos.

Si, desde que son pequeños, les vamos hablando con respeto, explicándoles los motivos por los que no pueden hacer tal o cual cosa que pueden ponerles en peligro (o poner a otra persona), en un momento determinado, a medida que crezcan y hayan llegado al grado de madurez y comprensión requeridos, habrán interiorizado estas ideas básicas para el cuidado de su propia integridad física y emocional y para la convivencia pacífica y respetuosa con otros seres humanos.



Deja tus comentarios aquí: