Crianza y consumo responsable

En estos días comentábamos en un programa de televisión, si el «entrenamiento» para dejar el pañal requería inevitablemente de una potty divertida y cara. Por supuesto que no, contesté, porque en primer lugar, no debería hablarse de un «entrenamiento», sino más bien de un «acompañamiento» respetuoso del tránsito del niño y su maduración de esfínter y, en segundo lugar, porque la pocetica pues… es cara, y ninguna generación anterior ha debido tener pottys cantarinas y con estrellitas autoadhesivas de premio para transitar ese momento de su desarrollo.

Pero yo la compré…

Al revisar los rituales que llevamos a cabo cuando viene un bebé, podemos ver que se conectan con situaciones documentadas en la historia humana. El baby shower tiene que ver con rituales de despedida de las barrigas o bendiciones de las mujeres sabias de las tribus a las nuevas madres. La decoración de la habitación del bebé y las compras guardan estrecha relación con el síndrome del nido que presentan algunas hembras del mundo animal. Las visitas en la clínica se relacionan con las bendiciones de bienvenida (¿quién no recuerda la escena de las hadas en el nacimiento de la Bella Durmiente?).

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Hoy estos pasajes se convierten en rituales de compras nerviosas y onerosas, cada día se engrosa la lista de supuestos «indispensables», y el presupuesto de lo que «debemos» comprar para recibir a nuestro bebé y criarle se va a la estratosfera. Sin embargo, muchas madres pueden atestiguar cuántos implementos inútiles guardan aún de sus «compras nerviosas» impelidas por el síndrome del nido en sus armarios, o cuántos regalos sin desempacar de baby shower quedan años después sin, muchas veces, poderlos revender o regalar a otras madres.

Es el momento de decir: detente. El planeta nos pide ser responsables en nuestro consumo, y el indicador de la buena crianza y afecto hacia nuestros hijos no es la cantidad de posesiones exclusivas que tenga desde bebé. Revisemos nuestras prioridades, qué estamos poniendo de nuestra propia humanidad, qué está siendo sustituido por lo material, cuánto queda de ritual sano para la psique y cuánto de beneficio a los comercios.

Una crianza natural y con apego tendría los siguientes indicadores, entre otros:

Colecho. Dormir con el/la bebé durante un tiempo determinado, en condiciones seguras, hace innecesaria la cuna. Suena inverosímil, lo sé, pero el nené saltará directo a una cama, la sustitución no será necesaria. Ahorramos gastos asociados a mobiliario y accesorios que, si bien nos hacen sentir como cuando jugábamos a las muñecas, pueden involucrar peligro para el recién nacido.

Lactancia. Cero teteros, fórmulas (que se llevan el 30% del presupuesto familiar) e implementos. Tampoco necesitas una «burqa» para amamantar, si te sientes segura y orgullosa de estar dando amor líquido a tu bebé. Para mantener un banco de leche sólo necesitarás un buen extractor y frascos de vidrio con tapa plástica. Inversión mínima de inicio, pocas visitas al pediatra y ganancias para toda una vida.

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Porteo. Cada día se ponen a la venta nuevos artículos para separarnos de nuestros bebés y hacer la vida, literalmente, más pesada (coches, portabebés, centros de juego portátiles aunados a la pañalera). Una tira de 6 m de largo por 80 de ancho en algodón 100% permite un mejor desarrollo de las caderas, piernas y columna vertebral del bebé, promueve la lactancia y regula la temperatura en sus primeros días. Hay que tener sumo cuidado con algunos artículos que más bien tienden a atrofiar o retrasar el desarrollo neuromotriz, sobre lo que cada día surgen casos distintos y estudios consecuentes.

Artesanía y trueque. Podemos realizar o pedir que nos preparen desde ropas y refrigerios hasta juguetes adaptados a nuestras necesidades, gustos y espacio. Existen comunidades de madres que han aprovechado el poco uso que se le da a juguetes, implementos y ropa, por lo que puedes adquirirlos de segunda mano con la calidad de producto nuevo. En cuanto a la ropa, hay algo muy singular, los bebés (y seguramente tú también lo has vivido) se sienten muy bien con ropa suave y maleable, es decir, usadas, o en términos coloquiales «chichas». Una hermana, prima, amiga seguramente guarda chichas que serán deliciosos para el día a día. Y en cuanto a los pañales, te sorprenderás de la nueva tecnología existente en pañales de tela reusables. Vale la pena arriesgarse.

¿Baratos y altamente «rentables», inversiones a largo plazo, no?

Por último: acompañamiento y libertad, sobre lo que sería muy extenso hablar ahora, pero que está en la clave de la enseñanza amorosa y el respeto al criar, clave de adultos sanos. Como siempre, la invitación es a reinventar nuestra cotidianidad y practicar lo que predicamos. Hablamos de conservar el planeta y encendemos nuestro rústico para transitar 100 m o compramos múltiples objetos que se biodegradarán en centurias. Hablamos del consumismo exagerado y la falta de humanidad pero creemos que los bebés necesitan aditamentos más allá de los brazos y les enseñamos a consumir desde que nacen. Lo que necesitamos es más apego y seguridad en nosotros mismos. El nuevo mundo lo exige, no nos atasquemos en el pasado ni juguemos a ser presa fácil del mercado.

 



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