Ser crítico no es lo mismo que ser consciente

Ser crítico no es lo mismo que ser consciente

Por Eric Kaufmann | Agosto 31, 2016

jamesbin/Adobe Stock

Traducción: Silvia Porraz.

 

El practicar la meditación mindfulness (atención plena) promueve la autoconciencia así como la habilidad para dirigir tu atención; entonces, puedes aplicar en tu vida y liderazgo la atención plena que desarrollas a través de la meditación. La práctica comienza con la concentración y la observación. El observar consiste en notar y examinar de una forma desapasionada —sin juicio o interpretación. La observación requiere una forma de objetividad que a menudo asociamos con la investigación científica. Los científicos que estudian fenómenos aerodinámicos, por ejemplo, se relacionan con su objeto de estudio sin considerar las emociones subjetivas o los estados de ánimo; ellos se aproximan al estudio de forma consistente mientras realizan notas detalladas sobre los datos que recolectan. La clave para una observación es el desapego —una objetividad libre de pasiones que permita deslindar lo observado de cualquier significado. De igual forma, la práctica de mindfulness requiere que te conviertas en un observador de ti mismo. Con el fin de poder desarrollar tu yo observador, tu aprendes a dividir tu atención.

Busca mentalmente un recuerdo de alguna junta en la cual uno de tus colegas promovía apasionadamente su punto de vista . Imagina a esa persona inclinándose hacia adelante, alzando la voz con gran excitación, su piel sonrojada mientras se muestra inflexible al defender su idea. Recuerda cómo lograste descifrar el gran compromiso de esta persona a través de ciertas señales: voz, postura, forma de caminar, expresión facial y elección de palabras. Observaste estos detalles y llegaste a ciertas conclusiones sobre su compromiso, intención y ansiedad.

Los grandes líderes son grandes observadores. Sí, debes articular visión y misión, y debes expresar efectivamente metas y dar forma a los procesos. Pero si no aprendes a observar, no podrás activar por completo todas tus habilidades y cualidades de liderazgo. Poderosas habilidades de observación están en el corazón de habilidades de liderazgo como comunicación efectiva, habilidades interpersonales cautivadoras, influencia sobre otros, gerencia del cambio, gestión de las dinámicas grupales y vender (conseguir que otros compren) ideas, planes y estrategias. El liderazgo moderno depende de las relaciones, se desarrolla en el contexto de establecer confianza desde el primer contacto, el desarrollar vínculos y asociarse. Las relaciones significativas surgen cuando conoces y entiendes al otro.

Aquí están 5 razones por las qué observar a los otros, y en consecuencia comprenderlos, es vital para tu efectividad como líder.

  1. Observar y comprender a los demás es clave para construir relaciones.
  2. Observar y comprenderte a ti mismo es también vital para tomar mejores decisiones y desarrollarte profesionalmente. Recuerda: si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre tendrás lo que siempre has tenido.
  3. La observación conduce a la conciencia, la conciencia conduce a la elección, la elección conduce a decisiones más amplias, las decisiones amplias conducen a crear nuevas posibilidades de acción, y estas acciones diferentes conducen a resultados diferentes.
  4. Observar y comprender a los demás te permite guiarlos hacia tu visión deseable y compartida.
  5. El observarte y comprenderte a ti mismo te permite guiarte hacia tu propia visión deseable.

No es complicado el desarrollar un yo-observador; todo comienza con tu elección de poner atención enfocada y de forma desapasionada. El modo fácil de conceptualizarlo es imaginar que en tu hombro está sentado una miniversión de ti mismo: su única misión, observar y reportar. Así, presta atención a lo que dices, cómo te mueves, cómo te sientes, así como el efecto que tienes en los otros. Tu yo-observador recolecta información en tiempo real, y mientras te vuelves más consciente de lo que haces, creas un inventario de la realidad. A partir de este inventario puedes elegir y seleccionar las conductas que deseas mostrar; puede que elijas comportarte como siempre lo has hecho, pero al menos lo estarás haciendo de forma consciente.

El yo-observador es un testigo objetivo que se da cuenta, percibe y recibe datos e información; no es capaz de hacer interpretaciones, juicios o cambios. Nunca es un crítico. Este ejercicio no tiene la intención de añadir autocrítica y desaprobación interna. El observar y presenciar son actividades para descubrir, no para juzgar.

Afortunadamente, el yo-observador es invisible, carece de peso y no requiere baterías; lo único que necesita es un poco de atención —el atender a lo que estás haciendo al mismo tiempo que prestas atención a tu entorno. Si alguna vez aprendiste a practicar un deporte o un juego, entonces, ya sabes cómo pensar en lo que haces y lo que hacen los demás al mismo tiempo. Aprendiste a calcular rápidamente lo que puede ocurrir y cómo puedes prepararte para responder. Es una habilidad que requiere dividir tu atención. Observarse a uno mismo es dirigir esta habilidad de un modo particular.

El primer tramo del viaje hacia el crecimiento no es el cambio, sino la conciencia. La conciencia, ya verás, nos cambia. Tan solo imagina los beneficios de participar en un debate de gran intensidad emocional en el trabajo y, mientras permaneces inteletualmente conectado, al mismo tiempo accedes a un área emocionalmente neutra. ¿Qué tan valioso pudiera ser analizar un error, por ejemplo, mientras sientes la pasión por ganar, pero sin sucumbir a la frustración de perder? ¿Qué tantos beneficios pudieras obtener al atravesar una demanda legal sin dejar que tu miedo, indignación o tu ira te dominen?

Un yo-observador desarrollado mejora la madurez emocional y de liderazgo. Un yo-observador no es un camino para ser un ser robótico o emocionalmente plano; es un camino hacia la sabiduría de la cual emanan mejores decisiones y mejores resultados de liderazgo. Es también un socio en la habilidad de concentrar tu mente en un solo punto. La observación permite que la atención permanezca abierta y sin restricciones, sin quedar atascada o perderse en los estímulos; una mente que está preparada para la observación puede dirigir la fuerza de su atención hacia un objeto y concentrarse en él. Durante la concentración —mientras que un millar de objetos e ideas tratan de invadir el centro del escenario— es la observación la que les permite esperar su turno.



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