Crónica de un divorcio anunciado

Él tiene mucho dinero, ella no. Él tiene una exesposa, ella no. Ella se quiere casar ¿y él? Parece que sí y parece que no.

Tienen una relación intensa y cuando ventilan sus problemas íntimos frente otros, develan una lucha de poder y una sutil guerra por el control, en medio de risas que esconden un profundo dolor envuelto en seda bordada en oro.

Mi mujerabilidad indagaba emociones, hurgaba sentimientos y encontraba rabias, reproches, discusiones por la ex, en fin, nada que justificara que un hombre y una mujer decidan casarse. Sin embargo, allí estaban afirmando que en máximo seis meses se lanzarán al agua.

Esta es la típica crónica de un divorcio anunciado, a menos que aguanten y decidan soportarse, lo que técnicamente no es muy diferente a una separación, con el agravante de tener al lado justo a aquel que puedes llegar a aborrecer. A menos que -pensando con todo el positivismo del que soy capaz- decidan ser felices de verdad, busquen ayuda y resuelvan las rabias y los reproches.

Yo siento que lo que nos ocurre en nuestra vida íntima es un pequeño laboratorio de lo que ocurre en la vida social. Creo firmemente en que si nuestras relaciones más cercanas y profundas sanan, podremos enfrentar lo social con mejores herramientas y así crear una sociedad más armónica que nos haga más felices.

Nos invito aunque sea a pensarlo, a buscar qué podemos mejorar en nosotros mismos y en nuestro entorno inmediato. Estoy segura de que solo el ejercicio de pensarlo ya será un avance en el camino de la construcción de una sociedad movida por el Amor concreto.



Deja tus comentarios aquí: