Crónicas de una oveja negra

En alguna ocasión mi suegra me preguntó con tristeza qué fue lo que me sucedió. No se refería a si hubo algún accidente que me desfiguró el rostro. Más que estuviera feo, a ella le preocupaba algo más profundo.

Quería entender cómo un ferviente católico, estudioso, practicante de su fe y otrora seminarista pudo cambiar tanto sus creencias e interesarse en conocimientos y técnicas orientales como el reiki, la meditación y otras cosas raras que a ella le parecían cosas del demonio.

Por supuesto, no ha sido la única que se sorprendió por mis elecciones. La gente se imagina que algo me pasó o algo vi que me hizo decepcionarme por completo de mi fe y renegar de la Santa Madre Iglesia.

Pero no. No hubo ningún evento en particular que me hiciera cambiar de opinión. Digo, en alguna ocasión me tocó ser acosado sexualmente por un sacerdote y sí me toco ver muchas cosas, pero eso nunca me hizo desvariar de mi fe.

Ha habido una gran cantidad de escándalos financieros, sexuales y de otros tipos en muchas otras Iglesias y en muchas otras religiones, incluyendo budistas, hindúes y de lo que tú quieras. Los problemas que tiene la Iglesia católica no son exclusivos. Son solo un fractal de lo que está pasando en TODO el mundo.

Por otro lado, también me ha tocado conocer dentro de la Iglesia grandes personas (incluidos sacerdotes) que son un gran ejemplo de fe y de vida. Mi suegra es una de ellas y por eso tiene todo mi respeto y admiración.

En mi caso, los cambios fueron internos. Creo que fueron la consecuencia de atreverme a analizar desde el corazón y la mente creencias que a la luz del amor y de la lógica simplemente no tienen sentido.

Por ejemplo, yo tengo dos hijos. Una adolescente de dieciséis y un puberto de doce. Aunque no se los digo tanto como debería, los adoro a los dos. No soy un padre perfecto, pero aun yo, que disto mucho de serlo, no puedo visualizar una situación en la que castigara o permitiera que alguien más castigara a mis hijos por toda la eternidad, por no hacer al pie de la letra lo que yo quiero que hagan.

Mucho menos podría soportar que el castigo fuera esa versión dantesca de un infierno en el que mis hijos sufrieran quemados por llamas. ¡En fuego ardiente y no solo por un ratito. Por toda la eternidad!

Y vamos, si hoy en día una mujer se comiera un fruto prohibido, sin duda se haría responsable a una sanción legal, pero creo que bajo ningún sistema jurídico harían responsable de ese delito a sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, y posteriores descendientes.

Los anteriores son solo un par de ejemplos. Si hacemos un análisis basado en el amor y la razón, podemos encontrar muchos otros. ¿Significa esto que todo lo que dicen los textos sagrados es falso? No. ¿Significa que todo lo que dice la Iglesia es falso? Tampoco.

Solo significa que no hay que creerse todo lo que a uno le dicen, venga de quien venga, ya que en la espiritualidad también son necesarias la razón y la intuición.

Puedes o no estar de acuerdo conmigo. Estás en todo tu derecho. Yo, por mi lado, estoy en mi derecho de saber que un Dios infinitamente amoroso no puede ser ese dios perverso, celoso, vengativo, violento, ególatra, caprichoso e injusto del que hablan algunas escrituras.

Y no es por ignorancia o porque “no conozca mi fe”. A diferencia de muchos otros cristianos, yo sí di mi vida por Cristo. Dejé todo y lo seguí.

Me leí toda la Biblia. Entre otras cosas, también me receté el catecismo de la Iglesia católica, el Concilio Vaticano Segundo, algunas encíclicas papales, los ejercicios del padre Larrañaga, y estudié formalmente filosofía y teología.

Inclusive, asistí a grupos cristianos (no católicos) para escuchar y entender las diferencias con mi fe católica. A la fecha sigo estudiando cosas que no creo, pero que me sirve conocerlas, y me he dado cuenta de que todas las religiones y tradiciones espirituales tienen muchas cosas buenas y algunas cosas malas. Lo mismito sucede en los movimientos que mucha gente erróneamente cataloga como “New Age” (yo ni siquiera me identifico con el famoso New Age. Casi todas las cosas con las que me quedo fueron dichas o escritas hace cientos o miles de años).

La verdad sea dicha, en el camino del “despertar de la conciencia” también me he encontrado gente fenomenal y con una buena cantidad de vividores y charlatanes. Pero también me he dado cuenta de que en su gran mayoría, las críticas y los cuestionamientos hacia algunas herramientas de crecimiento personal como el yoga, la meditación y el reiki están basadas en la ignorancia y el miedo. Por lo general, quienes critican no saben ni de lo que están hablando.

Lo que sí es cierto es que todos estamos buscando a Dios y eso merece respeto, tolerancia y ecumenismo. Rechazar por completo lo que propone alguien con creencias distintas solo porque no nos gustan nos priva de descubrir grandes tesoros espirituales.

No digo que todos deban seguir mi camino. Creo que la espiritualidad es algo muy personal y no tiene por qué ser igual para todos. Sin embargo, también le pedí a Dios que me guiara por el mejor camino, y el mejor camino para mí resultó estar afuera de un rebaño.

Así como un papá o una mamá tienen una relación distinta con cada uno de sus hijos, cada quien tiene que encontrar su propia forma de relacionarse con Dios (o el universo si así prefieres llamarle).

En cualquiera de los casos, la verdad no se alcanza con dogmas, con imposiciones, con violencia o propagando el miedo. Utiliza la razón. Utiliza tu intuición. Escucha propuestas distintas, pero cuestiona todo (incluso mis palabras).

Al final, si vas a creer en algo, que sea porque a ti te convence. Aunque a los ojos de tu familia y tus amigos te conviertas en la oveja negra del rebaño.

La verdad es que en lo que a espiritualidad se refiere, no hay ovejas negras ni blancas. Todas estamos pintas…



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