¿Cuál es tu trabajo?

Ella es callada, sencilla, diligente. Al observarla, pocos se imaginan su personalidad, pues sabe ocultar que es de esas mujeres con la autoestima bien puesta.

Y es que no solo no se avergüenza de su oficio, sino que decidió enaltecerlo con la convicción de estar haciendo un trabajo digno, porque no comprende las razones por las que sus homólogas se sienten menos.

Justo allí radica su mujerabilidad, en esa maravillosa habilidad de ver la vida con un prisma distinto y derrumbar así prejuicios sociales ancestrales que nada tienen que ver con la evolución actual del ser humano, pero que lamentablemente persisten en muchos.

¿Cuál es la diferencia entre una secretaria, una cajera de mercado, una niñera y una señora que limpia casas? Para ella no hay ninguna, pero para sus colegas sí; por eso al abrir sus perfiles de Facebook inventan que trabajan en algo distinto y punto.

Fue en ese momento que se decidió por la reivindicación de su oficio y en su perfil colocó que trabaja como: asistente del hogar.

¡Pero claro! ¿Qué tiene de malo limpiar casas? Y lo mejor es que es MI asistente del hogar.

Esta bella anécdota me hizo recordar que hace muchos años tuve la oportunidad de ver una película alemana de bajo presupuesto, titulada Felicidad Garantizada; trataba de unos hermanos que se fueron a un templo japonés a aprender Budismo y cada día los despertaban a las 4 de la mañana para limpiar de rodillas un piso que estaba impecable, con una técnica particularmente meticulosa.

Al tercer día, uno le pregunta al otro susurrando “¿qué sentido tiene que nos despierten de madrugada para limpiar algo que no lo necesita?”. Un monje lo escuchó y respondió algo como esto: “no ves el polvo, pero allí está y si no lo quitas cada día, acabará por manchar el piso. Con cada pasada al piso, están limpiando cada mancha oculta en sus propias almas que tienen mucho tiempo ensuciándose”.

Esa escena cambió mi percepción del acto de limpiar, convirtiéndose en algo para disfrutar de sacar el sucio (rabias, frustraciones, depresiones, …) de nuestro interior.

Así limpiar, para que nazca nuestra mujerabilidad, sin importar qué oficio estemos realizando, es algo sublime y lleno de Amor concreto por nosotras mismas, que convierte el servir en asistir y la casa en el hogar que todos merecemos tener.



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