¿Cuál parte de la realidad captura tu atención?

Voy retrasado a una cita, el tráfico apenas avanza sobre el asfalto húmedo y cuatro guacamayas desayunan en las ramas de un chaguaramo. Baten sus alas azules contra un cielo nublado. Aprovecho la lentitud para observarlas. Tomo una foto. Sigo mi camino, igual de retrasado pero encantado con ese regalo tropical. Unos metros más adelante le cedo el paso a una mujer quien me agradece con una sonrisa que no oculta un dejo de asombro ante la gentileza. Le sonrío de vuelta. Allá atrás me parece escuchar la algarabía de las guacamayas dándose banquete.

Venezuela se ha convertido en un país bien jodido. Pero sabe mostrar sus encantos.

Esta semana en Venezuela ha sido para “experienciar” la noticia. Porque una cosa es el titular en internet y otra es vivir la información. Pido un café con leche y me dicen que solo hay guayoyo porque no hay leche. Tomo un vuelo nacional y el avión es vintage, es decir, luce tan anciano que merece pasar a retiro. Pero ni modo, no hay repuestos y mucho menos hay posibilidad de renovar la flota. Acompaño a un amigo a la estación de gasolina y me río cuando lo veo pagar 4 bolívares tras llenar el tanque. En Miami, al cambio paralelo (el único dólar que hay) yo pago 5 mil por la misma cantidad de combustible. Sí, es la gasolina más barata del mundo, pero no hay aceite de motor, neumáticos o baterías.

Venezuela se ha convertido en un país que te roba la paz. ¿Y entonces, dónde están los encantos?

Esta misma semana ha sido para “experienciar” la fortaleza amorosa de la gente. Una cosa es lo que aparece en Facebook y otra la que se vive en un abrazo. Doy una conferencia y al finalizar escucho historias inspiradoras: una psicóloga que enseña inteligencia emocional en las empresas, una periodista que transforma los planes de responsabilidad social empresarial en estrategias sostenibles, un gerente que invierte en el capital humano de su gente, un estudiante que roba horas a la noche para desarrollar sus proyectos más allá de lo que exige la universidad. De todos ellos escucho algo que se resume en “la cosa está muy difícil pero sí podemos salir adelante. No nos vamos a rendir”.

Esta gente no se llama a engaños. Saben mejor que nadie que la vida cotidiana significa lidiar con un entorno espeso, amargo y empobrecido. Pero también, y aquí está su fortaleza, saben que viviendo desde un interno sólido y con propósito pueden ver ese entorno en toda su dimensión.

Porque hay tráfico y hay guacamayas. Hay malandros en las calles y también hay gente maravillosa. Hay escasez de productos básicos y hay abundancia de amor esencial. Hay una inflación que empobrece y a la vez hay una sólida movida para enriquecer la humanidad del venezolano. En fin, hay una realidad que quita y entrega de forma simultánea.

¿Puedes ver la realidad en toda su dimensión? ¿En cuál parte pones tú atención en este momento? ¿Con qué energía te conectas?

– Tú escribes esas cosas porque no vives en Venezuela- podría pensar más de un lector a estas alturas- porque una cosa es el turismo y otra la residencia.

Y tendría razón el lector. Negarlo sería un irrespeto. Como también sería un irrespeto ignorar a todas esas guacamayas que vuelan bajo los cielos nublados. Y toda esa gente llena de luz que cada día te cruzas en el camino.

¿Las estás viendo, ahora?



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