¿Hasta cuándo engordará el mundo?

¿Hasta cuándo engordará el mundo?

Una nueva noticia relacionada con la obesidad ronda los medios a escala global. Y no sorprende, aunque asusta. Según dice la información de la Organización Mundial de la Salud, en las últimas cuatro décadas la obesidad infantil se ha multiplicado por diez.

Todos parecen tener la solución a la obesidad. Salvo contadas excepciones, en esta materia la matemática no falla: Más comida es igual a más kilos. Pero vistos los resultados, la cosa parece no ser tan sencilla. Las tasas de obesidad siguen en aumento, así como las de las patologías que de ella se derivan. Y crecen en una población cada vez más joven.

Ante lo cual cabe preguntarse, ¿de qué manera podríamos contribuir para poner fin a esta epidemia que amenaza con incrementar las cifras de adultos jóvenes fallecidos en el mundo?

Sobrepeso vs. Obesidad

Aún es común escuchar -en algunas familias- que los niños “gorditos” adelgazarán cuando sean adultos, cuando se desarrollen, cuando se enamoren… La realidad que nos muestra la ciencia es que el 80 % de los niños obesos serán adultos obesos. Así que es vital, atajar el problema de la obesidad cuando aún es un sobrepeso.

A un pequeño que le sobre “solamente” 1 kilo, hay que reducirle algunos “alimentos” poco nutritivos como las bebidas gaseosas; pero además, hay que motivarlo a moverse.

El médico pediatra debe estar atento a la tabla de peso y tamaño estándar, pero si tiene dudas y ve a su hijo “gordito”, es el momento de consultar con un especialista.

No se trata de someterlos a unas dietas estrictas o irresponsables sacadas de la revista de moda. Se trata de educarlos para que comiendo balanceadamente y manteniendo la mínima actividad física recomendada, puedan tener un peso saludable. Esto es, acorde a su edad, sexo y contextura.

Cuestión de mente

También es importante recordar que la obesidad es una enfermedad integral. Lo que significa que como padres, debemos estar abiertos a trabajarla de forma multidisciplinaria.

Más allá de un pediatra y/o endocrinólogo que evalúe si hay problemas médicos que estén ocasionando el sobrepeso en nuestros hijos, hay que trabajar de la mano de un nutricionista.

Lo ideal también es que el pequeño tenga algún tipo de entrenador, capaz de motivarlo a moverse. Un entrenador que lo “obligue” puede ser más bien contraproducente. Es importante conseguir una actividad que le resulte atractiva al niño, aunque a nosotros nos parezca peligrosa o poco efectiva. Las posibilidades son múltiples.

Por otro lado, el trabajo terapéutico de las emociones es de gran ayuda. Crea usted o no en que bajo toda enfermedad subyace alguna emoción, la obesidad es blanco fácil del bullying y de la baja autoestima, convirtiéndose en un círculo vicioso. Incluso, podría resultar muy productiva la terapia familiar, especialmente, si el entorno del niño es “flaco”.

Si usted como padre, puede prevenir y acabar la obesidad en su círculo familiar, estará contribuyendo con el fin de esta epidemia en el mundo. Además, obviamente, de brindar mejor salud y calidad de vida de su hijo.

Y si en su círculo familiar no hay niños obesos, pregúntese, ¿cómo puedo ayudar? ¿Qué tal educando a su hijo “delgado” para que no sea un acosador y para que sea un modelador de buenos hábitos alimenticios?



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