Cuando es la vida la que te fuerza a un cambio

Cuando es la vida la que te fuerza a un cambio

Hay cambios que nosotros decidimos realizar. Sin embargo, hay otros que ni nos pasaron por la mente, que son impuestos, y no tenemos posibilidad de modificarlos. Es en ese momento cuando suelen desatarse nuestras alarmas en especial si no sentimos que dicho cambio nos agrada.

La primera fase suele ser resistirnos, e intentar que todo vuelva a la normalidad; fase que suele ir acompañada de molestia, incertidumbre, miedo, deseos de escapar, negación o una mezcla de emociones que perturban nuestro bienestar. Hoy quiero invitarte a considerar algo que me dijo una amiga en estos días ante un cambio que vivo en conjunto con un grupo de personas: “Hay que ser flexible, doblar las rodillas si el piso se mueve, porque si intentas permanecer rígido en estas situaciones, lo más probable es que te quiebres”.

¿Por qué nos desajustamos emocionalmente ante el cambio?

La razón fundamental proviene del control. Sentir que perdemos de cierta forma el control de nuestra vida suele ser muy angustiante. Solemos aferrarnos tanto a esa necesidad de controlar que esta puede, incluso, mantenerse aunque no seamos felices, pero al ser lo que conocemos pasa a formar parte de nuestra zona de confort. Te ha pasado, ¿cierto?

Pero lo cierto es que la vida es un cambio constante, y entenderlo así es el primer paso para poder afrontarlo con éxito dejando de lado todos esos pensamientos anticipatorios aterrorizantes o que lastiman, que no nos permitirán lograr otra cosa más allá que sufrir y estancarnos.

¿Qué hacer entonces?

Para poder manejar el cambio a nuestro favor debemos ser flexibles y reorientar nuestros pensamientos para poder ver el lado positivo del mismo y así poder sacar provecho. Otro punto importante es ser flexibles.

Aceptar lo que está ocurriendo, más que resistirse o negarlo, es muy importante también. Debemos entender que es una utopía intentar controlar todo lo que ocurre; no solo es imposible, sino que resulta una experiencia muy desgastante.

Para finalizar, todo cambio es una oportunidad de aprendizaje, siempre trae la semilla de algo nuevo (nos guste o no), y, por tanto, nos permite desarrollar nuestra inmensa capacidad de resolver problemas y encontrar alternativas.

Cuando nuestra vida cambia, nosotros cambiamos, por lo que podemos reinventarnos, mejorar, y si lo enfrentamos desde un punto de vista positivo podremos más temprano que tarde sorprendernos a nosotros mismos.



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