Cuando germinan las piedras, (o florecer en la adversidad)

Lía Bermudez, escultora

Cierta vez, estando en construcción la que vendría a ser la primera casa como gerente, me fue indicado que debía ir a ver una excavación cercana y escoger de entre muchas, tres o cuatro  piedras grandes que tuvieran algún interés arquitectónico, como para colocarlas en el jardín de la misma casa. Y resulta que en esa zona de Caracas, y por las características del valle, se encuentran excavaciones donde aparecen piedras gigantescas, producto de grandes deslaves milenarios que fueron rellenando las laderas hasta conformar lo que es hoy. Así, es que en la parte más cercana a las laderas, es que aparecen grandes moles de piedra.

Efectivamente, asistí a la excavación cercana y comprendí que aquello era un favor mutuo; yo tenía mis piedras y la obra en cuestión, se deshacía de ellas para poder seguir excavando. Resulta que cada piedra pesaba entre 12 y 18 mil kilogramos, teniendo que traer grúas especiales y camiones que soportaran tal carga. Así fue, como un día domingo y tras haber conseguido los permisos correspondientes, fue que cargamos de un lado a otro las piedras. La ubicación, me fue asignada según mi criterio, con la única salvedad, que alguna, debería ser colocada de tal manera, que “pudiera germinar”.

¿Germinan las piedras?, me pregunté entonces. Igual, y tras imaginarme como sería que germinan las piedras, y quizá haciendo una imagen con alguna gramínea, fue que conseguí la ubicación, y la forma de colocarla. (La verdad es que una piedra de 12 toneladas solo se puede poner de muy pocas formas).

Al cabo de unos días conocí a Lía Bermúdez, una escultora venezolana que tenía como lenguaje artístico el “germinar de las piedras”, una suerte de conjunción o matrimonio entre la piedra y el metal, donde la metáfora sin duda, es el florecimiento del material inerte. Debo decir que eso es una parte maravillosa del construir; conocemos gente maravillosa. Lía es una persona sensible, humilde, profunda y muy creativa. En el proceso de la siembra, vimos, ¡germinar a las piedras!. Esta metáfora maravillosa la habría de recordar por años, y ahora, tras leer a Martin Seligman y su Psicología Positiva, es que le puedo dar un sentido escrito. La verdad es, que las piedras aunque fuesen semillas petrificadas, jamás tendrían ese tamaño, ni alcanzarían ese peso y mucho menos esperaríamos que germinaran. Pero, en sentido estrictamente metafórico o figurado, se trata de la posibilidad de trascender en la adversidad, superar obstáculos, aprender de ellos y por si fuera poco, salir fortalecido. (Conocido como resiliencia).

Es así como se puede florecer en la adversidad, y en la pena. De la Psicología Positiva conocemos que se puede aspirar a tener la felicidad plena. Depende por una parte, de nuestra carga genética, de las circunstancias que nos toca vivir (y en algunos casos, difícil de cambiar), y por ultimo depende de nuestra voluntad. Casi la mitad de nuestra felicidad depende de nosotros mismos. Se trata de conocer, qué fortalezas hemos desarrollado, y ponerlas a funcionar en la búsqueda de nuestro bienestar. Muchas veces lo logramos, y entonces la gente cercana piensa -“floreció en el desierto”. (Con poca agua, sin tierra, pero con voluntad de vivir y de “florecer”).

Es por eso que me parece ahora, que las piedras también pueden germinar; porque su germen se encuentra en nosotros mismos; solo hay que trabajar en cómo hacerlo. Los seres humanos, en nuestra búsqueda del bienestar personal, podemos en algunos casos, toparnos con la posibilidad de alcanzarlo a través de la trascendencia. Y trascender así mismo, se puede entender cómo ayudar a otros, a superar las adversidades. Y es en las adversidades, que algunas personas ayudadas por otras, logran sobreponerse y evolucionar como seres humanos. Es por eso, que vemos a enfermos, lisiados, incapacitados o discapacitados, siendo felices, o con un nivel de bienestar. Trascienden a sus limitaciones y aprenden a florecer en la adversidad. Porque algún aprendizaje he de tener,  es el de comprobar que los procesos de la felicidad y los de la infelicidad no se encuentran en la misma dimensión ni en el mismo sentido o continuo; donde el opuesto de la felicidad es su ausencia y no, el sentirse infeliz o desgraciado.

Alberto Lindner

La imagen fue tomada de http://normaperezreynoso.com.ar/museo-de-arte-contemporaneo-del-zulia-maracaibo-venezuela/ Texto: Tomado de mi blog personal, http://facilitymanager.blogspot.com/ Martes, julio 10, 2012

p>Hoy tuve una dosis de Inspirulina y quise compartir esto con toda la comunidad.



Deja tus comentarios aquí: