Cuando hay heridas que sanar

Cuando hay heridas que sanar

Todos tenemos heridas que sanar. Lo vivido en algunos momentos de nuestra vida, sobre todo en nuestra infancia, pudo haber dejado una huella negativa. Como adultos, parte de nuestra responsabilidad es sanarlas. En este artículo te hablaré de cómo lograrlo.

¿Qué representan nuestras heridas?

Las heridas del pasado son un lastre que afecta la manera como percibimos el mundo, las emociones y la gente. Por supuesto que estas heridas también influyen en cómo manejamos todas nuestras relaciones. También influye en si somos confiados, optimistas y muchas otras actitudes.

En muchos casos un evento antiguo representa un importante obstáculo para ser feliz en el ahora. Es como si estuviésemos incompletos y un pedacito de nosotros se quedó congelado en ese pasado, limitando nuestra capacidad de estar en el presente y de percibir adecuadamente lo que nos ocurre.

Sanar es una tarea que nos compete

Como parte de nuestra evolución y en esa búsqueda del bienestar debemos regresar a ese momento, y rescatar ese pedacito. Para lograrlo, afortunadamente ahora existen muchas opciones, desde libros, talleres, programas de radio o TV y también ayuda personalizada.

El camino para lograr esa cura es personal y parte de tu tarea, si te sientes identificada(o) con lo que cuento, es personal. Es decir, que eres tú quien debe sentir cuándo, cómo y con quién hacerlo.

Es más, la vida misma te mostrará claramente el momento en que es preciso hacerlo porque en cada uno de nosotros reside una sabiduría que conoce lo que necesitamos.

Una conmovedora historia

Recientemente apareció una película que puede mostrarte lo particular que puede ser el camino de sanar tus heridas.

Se trata de un par de hermanos en la India y uno de ellos se pierde, es adoptado y llevado a otro país. Luego en su vida de adulta, empieza a recordar algunas cosas y siente el llamado a regresar a su tierra de origen a buscar a su familia. Aquí puedes ver el trailer y ojalá te interese y veas la película.

Esta experiencia es un claro ejemplo del proceso que significa sanar viejas heridas.

¿Cómo saber si tenemos una herida?

Aquellos eventos que vivimos y nos impactaron —positiva o negativamente— no solo están alojados en nuestra memoria. También quedan grabados en nuestro cuerpo, como energía y emoción. Podemos darnos cuenta de ello cuando nuestra respuesta a alguna situación del presente es desproporcionada.

Esto último es una buena clave para saber si estás en medio de una experiencia que tiene que ver con una antigua herida. Es decir, si te das cuenta de que te ocurre alguna experiencia, y la manera como reaccionas ante ella es tan fuerte que luego de que ha pasado —y lo piensas— luce como loco, es momento de revisar tu pasado.

Otra forma de darte cuenta si tienes alguna herida que aún te pesa es si en varios momentos de tu vida has repetido la misma experiencia. Por ejemplo, si has tenido varias parejas y en cada caso estas personas han tenido al mismo tiempo otra relación. O tal vez cada trabajo en el que has estado finaliza con un despido sin razón aparente. Eso denota que no se trata de la otra persona, sino que algo en ti ha desarrollado un patrón que te lastima.

Tips para cuando hay heridas que sanar:

1.- Cuando te observes actuando desproporcionadamente, toma unos minutos contigo, respira profundo y cálmate, no te dejes arrastrar por la emoción. Intenta recordar cuándo fue la primera vez que tuviste esa misma sensación.

2.- Lee algunos libros de crecimiento personal o escucha audiolibros que tengan información para conocerte un poco más y revisar tu historia. También puedes hacer cursos que incluyan un trabajo de perdón.

3.- Si la situación es delicada o muy recurrente en tu vida, tal vez requieras un apoyo personalizado. Busca a un terapeuta con quien te sientas cómoda(o).

4.- Medita. Es una práctica que puede tomar unos 10 o 15 minutos diarios, que es poco tiempo para los muchos beneficios que puedes obtener. En una meditación, esa parte sabia de ti puede comunicarse diciéndote cómo sanar.

Es importante saber que Dios nos ha dado esta maravillosa vida para amar, aprender, crecer, vivir y sobre todo disfrutarla. Cuando una experiencia distinta a esto trastoca nuestra existencia es cuando debemos asumir nuestra responsabilidad y sanar esa herida.



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