Cuando intentas que tu vida cambie y nada sucede

tu vida cambie y nada sucede

Actualmente, hemos oído hablar y decir que el aprendizaje está ligado a la emoción y que, sin esta, memorizamos como loros. También sabemos del poder de la emoción y la memoria cuando vemos casos de personas con demencia senil o Alzheimer que al escuchar la música de canciones conocidas por ellas enseguida han recordado la letra, aun cuando no pueden recordar lo que hicieron el momento anterior.

Nos dicen que no nos identifiquemos con nuestros pensamientos porque si así fuese, en cuanto dejemos de pensar algo ya no seríamos lo que pensábamos, pasaríamos a ser esos otros pensamientos. ¿Podemos cuantificar la cantidad de pensamientos que tenemos al día? Si nos identificamos con nuestros pensamientos, entonces seríamos muchas personas al día.

Esto es mucho más correcto que creer que somos estructuras sólidas de pensamientos recurrentes de las que no podemos salir. Puede que haya etapas en nuestra vida que así sea y que un día te des cuenta de que has pasado años en piloto automático o modo zombi. Y esa sensación es muy extraña y hasta dolorosa… De alguna forma, por patrones aprendidos, por inconsciente personal o familiar has ido creyendo en unos pensamientos más que en otros y en torno a ellos has establecido el “yo soy así” y esto te daba seguridad, cierta estabilidad en este caótico mundo que no es más que un reflejo de lo que somos, de la inconsciencia en la que vivimos.

Si cada uno de nosotros decidiera abrir los ojos y elegir a lo que quiere prestar atención, nuestra vida cambiaría en la medida en que somos nosotros los que damos poder y lo ponemos allá donde decidimos focalizar nuestra atención en cada momento. No siempre y a cada segundo lo vamos a conseguir, pero sí que podemos hacerlo siempre que nos demos cuenta de que nuestra mente anda divagando o en automático o eligiendo de forma inconsciente o deliberada por pensamientos que nos dañan. No se trata de huir de ellos, no es eso; los vemos, los reconocemos al darnos cuenta y voluntariamente les decimos o nos hablamos a nosotros mismos de otra manera. «Acabo de veros, sé que estaba pensando esto o aquello, pero sinceramente prefiero focalizarme en estos otros». No buscamos evadirnos de los llamados pensamientos negativos, a los que les damos esa connotación que nada nos gusta ni nos favorece; son pensamientos y listo. Tan solo que yo decido tener otros porque esos no me han servido para conseguir estar o ser de cierta manera en mi vida. Me han acompañado por años y les he escuchado y atendido, pero en estos momentos decido hablarme de otra manera a mí misma. Focalizarme. Esto es despertar para mí, o darse cuenta, ver lo que está sucediendo en tu cabeza de forma que lo puedas dejar pasar y no aferrarte a ello como si al soltarlo perdieras quién eres.

Eres muchas cosas y entre ellas lo que decides a cada momento atender. Es lo único que está en tus manos, es nuestro libre albedrío, nuestra libertad última y suprema. La vida son otras muchas cosas que no podemos controlar, somos dioses y diosas de lo que podemos decidir y atender a cada momento. ¿Te parece poco?

Entonces, atendiendo al título de este post. ¿Qué crees que tendríamos que hacer cuando intentamos cambiar y nada sucede?

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