Cuando la confianza escasea

A todos nos ha pasado: vamos felices por la calle, sintiéndonos bien con nosotros mismos, hasta que el choque con un espejo nos grita que no nos vemos nada bien (por nombrar lo más superficial). Comienzan así los monólogos internos, el auto sabotaje, nos volvemos fatalistas. Empezamos a compararnos y comienza así la cadena que nadie más que nosotros arrastrará y que, malas noticias, se hace más pesada con el tiempo. Esto nos puede pasar al compararnos con otros constantemente.

Una buena manera de contrarrestar estos efectos es a través de las afirmaciones. Sin embargo, es posible que aún haga falta algo más. Prueba lo siguiente:

Desafía tus monólogos internos. Muchas veces los damos todos por sentado, como la verdad absoluta. Asumimos que, por venir desde nuestra mente, son ciertos y, lamentablemente, ahí nos quedamos. Hay que hacer el ejercicio de observación: ¿cuántas veces realmente comienzas una frase con palabras como “pero” o “nunca”? ¿Crees que comenzar una frase afirmando una negación puede ayudarte? Si desarrollas una manera de pensar que no te desacredite tanto, empezarás a descubrirte con más confianza y seguridad. Así de sencillo.

Sin miedo a los fracasos. Muchas veces nos quedamos en el proyecto o en el simple plan por miedo a fallar, sin comenzarlo nunca. Ahí perdemos el juego. Es una acción inteligente contemplar los contras de una situación, pero más lo es aún considerar también las cosas a favor. Haz que los resultados positivos ganen espacio en tu mente. Es un buen comienzo para permitir que no sólo sean conjeturas, sino posibles resultados.

Trátate como a tus amigos. Es cierto, lo mejor de la amistad es la posibilidad de ser completamente honestos. No obstante, siempre actuamos desde el amor: por más dura que vaya a ser para nuestro amigo nuestra opinión, siempre tratamos de no herir. Por el contrario, cuando se trata de nosotros mismos solemos permitirnos de todo: “no sirvo”, “nunca lo he hecho bien”, “debería retirarme porque no hago nada bien”, etc. Ya sabes de qué te hablamos. Trátate con amor.

Todos somos iguales. ¿Vivimos con miedo a ser juzgados? ¿Te molesta ver que alguien de tu edad ya tiene casa, casa de vacaciones, familia armada y una cuenta bancaria gorda y abultada? No te quedes en esa primera impresión, recuerda el primer punto. Hay que tener siempre en mente que todos somos personas, cada cual con su lista de inseguridades y aciertos. Una persona “exitosa” sabe a qué lado de la moneda darle prioridad y, por otro lado, es posible que el magnate más exitoso carezca de algo que tú sí tienes, tal como pasa en el caso contrario. No dejes que tu brillo se apague por lo que piensen los demás.

Palabras del poeta T.S. Eliot: “Solamente los que arriesgan llegar demasiado lejos son los que descubren hasta dónde pueden llegar”.



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