Cuando las parejas van a terapia… ¿ya es muy tarde?

Vivir en pareja es un proceso continuo de transformación personal; un espacio maravilloso de descubrimiento mutuo y de aprendizaje donde la vinculación con el otro no es desde el atrapar, controlar o retener, sino desde el verdadero encuentro en libertad. En este sentido cito a Jorge Bucay:

  • “En relación al amor, el dolor es más que un riesgo, es una garantía, en cada relación amorosa comprometida es más que probable que haya dolor, aunque solo sea el descubrir nuestras diferencias y enfrentar nuestros desacuerdos… pero esta puerta al dolor del amor comprometido es la única manera de vivir plenamente. Es la condición imprescindible para sostener mi propio crecimiento”.

La pareja es una oportunidad para dar apertura a conversaciones íntimas y profundas, en un contexto de confianza, de acompañamiento, para hablar de aquello que nos gusta y nos encanta, como de aquello que no nos gusta, que no toleramos, de lo que está pasando y nos gusta y de lo que nos gustaría que pasara que no está pasando… son algunas preguntas y planteamientos que si los hacemos recurrentemente, con seguridad, algunas de las respuestas serían diferentes a través del tiempo. Por eso es tan necesario que las conversaciones en la pareja se den constantemente, no solo en los momentos que surja el desacuerdo o la molestia, sino procurar espacios para encontrarse, para mirarse, para conversar… es un continuo negociar.

La razones por las cuales las parejas entran en conflicto son infinitas, algunas de las que he observado personal y profesionalmente son:

  • Invasión del espacio compartido: visitas de amigos o familiares sin avisar, constantes llamadas telefónicas o a mensajes de textos.
  • Críticas continuas a las decisiones adoptadas por el otro.
  • Infidelidad en todos sus matices y en espacios diferentes desde encuentros virtuales hasta encuentros personales.
  • Tener la ilusión de cambiar al otro e ir comprendiendo que eso no sucederá.
  • Hacer concesiones continuamente hasta perder la capacidad de reconocer lo que realmente deseas.
  • Diferencias culturales y/o económicas marcadas.
  • Mentiras o engaños por diferentes causas.
  • Colocar la felicidad propia en el otro: «mi vida eres tú», «sin ti no puedo vivir».

Cuando las parejas deciden buscar ayuda, por lo general, hay un punto de quiebre de un tema específico que viene acompañado de emociones mezcladas: rabia, tristeza, angustia, culpa, impotencia, decepción, entre otras, y esa combinación produce el estallido o la crisis.

Cuando van a consulta, sin embargo, se dan cuenta de que hay otros temas que están afectando la relación y otras emociones también involucradas. La ausencia de conversaciones recurrentes, amorosas, honestas y comprometidas durante la relación de pareja son la principal causa para acudir ante un terapeuta, y cuando esto ocurre, la pareja entra en una suerte de catarsis, se tocan temas que antes eran inconversables y se produce lo que se podría llamar liberación emocional: la pareja se siente en un espacio protegido y de confianza gracias al acompañamiento profesional.

Como resultado, cuando la pareja está comprometida y motivada con su crecimiento pueden llegar a acuerdos donde renace, se reconstruye, se transforma y continúa. En otros, se entra en una especie de recomenzar mágico, donde no hay verdadero compromiso, más que las ganas de que sea posible, entonces se inicia una segunda luna de miel, que por supuesto, tiene su tiempo y vuelven a aparecer los mismos conflictos, inclusive con mayor profundidad, digamos que se extiende el tiempo de la separación. En otros casos, la pareja decide definitivamente separarse. Un alto porcentaje se encuentra entre el segundo y tercer caso.

Desde mi experiencia puedo decir que no solo es importante, es fundamental, que las parejas tengan la capacidad y la confianza de conversar todos los temas inherentes al espacio de convivencia, y me atrevo a decir que sería maravilloso que la pareja asista a un terapeuta desde el comienzo de la vida en común, que puedan tener las herramientas conversacionales necesarias para reconocerse el uno al otro y trascender las diferencias, los conflictos y los puntos de quiebre, y con honestidad transitar su camino juntos, pero en libertad.



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