Cuando los límites te los pones tu mismo

Cuando los límites te los pones tu mismo

El único limite a nuestros logros de mañana está en nuestras dudas de hoy (Franklin D. Roosevelt)

Siendo una adolescente creí que sería obsesa toda mi vida, tenía “pruebas” de ello, no solo el bullying del que fui víctima sino esa sentencia de mi padre cuando me dijo -Moriré y nunca te veré delgada- Muchas lágrimas y sensación de derrota que compensaba comiendo más. Llegué a convencerme que a mi me engordaba hasta el agua, hasta que un buen día por razones que contaré detalladamente en mi libro, detuve el proceso de sentencia de vida y me compré un jean 4 tallas menos que la mía y lo colgué fuera de mi closet para verlo todos los días repitiéndome con convicción diaria que yo entraría allí y ¡vaya que entré!

¿Por qué no adelgacé antes, porque nunca lo creí posible, tuve primero que creerlo y armarme de una perseverancia admirable para poder lograrlo y eso marcó un antes y un después en mi vida, entendí que mucho de eso que no logramos es simplemente porque creemos que no podemos, llegamos incluso a pensar que otros pueden pero nosotros no.

Lo mismo sucedió con mi timidez, les juro que era extrema, no podía articular palabra ante una persona desconocida, hacer una exposición en clase (era obligatorio) suponía para mi ser llevada a la horca, así de radical y mientras más insegura más rechazo obtenía de modo que mis creencias se reforzaban una y otra vez hasta que dije ¡Basta! Y allí fui a enfrentar el camino de mi superación, a asumir las burlas como un paso a enfrentar para poder lograr el cambio que deseaba ¿lo logré? Absolutamente, superando cualquier expectativa inicial.

Esos límites que nos imponemos no existen en la realidad sino en nuestra mente vestidos de creencias que adquirimos con el tiempo, provenientes de nuestros padres, maestros, otras personas…la sociedad y los damos como ciertos sin cuestionar, incorporándolos en nuestra zona de confort o zona conocida.

Nosotros mismos somos los que decidimos ver problemas donde hay oportunidades y los que nos marcamos límites antes ni siquiera de intentarlo en muchas ocasiones. Como dijo Buda, ‘todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. La mente lo es todo. En lo que pensamos, nos convertimos’.

El superar nuestros límites debe transformarse en una actitud, en un modo de andar por la vida donde el enfoque se oriente a superar las tareas, no éstas a nosotros, y a lidiar con los dos principales enemigos en este andar que son los miedos y los fracasos.

Los fracasos deben de dejar de ser vistos como “el coco” que nos humilla, ¿alguno de ustedes aprendió a caminar sin caerse? Sin esas caídas no estaríamos caminando y por ello me atrevo a afirmar que los fracasos deben agradecerse porque son los grandes maestros que si les prestamos atención nos muestran que debemos corregir o en qué debemos estar atentos en una próxima oportunidad.

El miedo es ese grillete que puede impedirnos avanzar, es ese que nos dice –No te arriesgues, estás seguro acá- -No vas a poder hacerlo- -No naciste para eso- y es justo ese el momento para que mires a tu miedo con determinación y le digas – ¡No soy menos que nadie!, vengo equipado desde el nacimiento y contigo o son ti voy a hacerlo-

Enfrentar ese miedo es entonces muy importante, tanto como el tomar de mano la perseverancia y continuar insistiendo porque muchas veces el éxito está a la vuelta de un intento más, ese otro intento donde muchos se rinden ¿Cuál es ese intento más? No lo sabemos por eso persistir es la clave.

Con esta reflexión no estoy invitando al autoengaño, ciertamente no somos buenos en todo, tenemos nuestros talentos, habilidades, eso que nos destaca y nos distingue así como lo que nos apasiona y es allí donde está el camino para que puedas seguir tu senda personal, superar las barreras de tu potencialidad.

¿Hay que aprender? Si, lo mas seguro es que debamos trabajar para perfeccionar esas destrezas y poder destacarnos pero no sólo llenando nuestra mente de conocimientos teóricos sino pasar a la acción, sin conducta no hay aprendizaje, es decir, hay que lanzarse al ruedo apostando a ganador ¿No salió bien? Pues vamos otra vez siempre y cuando sientas pasión por lo que haces, no importa lo que se sea, tiene que gustarte si quieres destacar.

Una manera interesante de superar esos límites que te auto impones (muchas veces sin darte cuenta) es ir un paso a la vez, como hacen los maratonistas que van incorporando metros en su recorrido en forma paulatina, sin prisa pero sin pausa, exigirte cada vez más combinado con la certeza que es totalmente posible para ti lograrlo.

No te compares con nadie en el proceso, solo contigo mismo, el reto es personal; por supuesto es válido tomar algunas personas como patrón de referencia desde la admiración para impulsarte a crecer, eso ayuda, lo que hace daño es la envidia porque te encierra cada vez más en un patrón de pequeñez y rabia. Recuerda que la verdadera escasez está solo en tu mente y puedes derrotarla.

¿Qué meta deseas alcanzar en tu vida pero que hasta ahora la has considerado imposible? ¿Por qué? ¿Eso que te lo impide es una barrera psicológica? Atrévete a creer y como dicen los españoles anímate a ir a por ella.

Imagen de Hugo Roger en Pixabay



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