Cuando perder puede ser ganar

Cuando perder puede ser ganar

El viaje hacia lo desconocido es también parte de la curiosidad y del impulso para encontrar dirección, propósito y sentido a la vida. Para algunos es el ¨Norte¨, para otros es la ¨Misión¨ y para la mayoría representa un ¨Deber¨.

Sin embargo, el destino no es solo una senda que se nos da y que se cumplirá implacable bajo todo pronóstico, es también la senda que elegimos y por la cual apostamos y nos esforzamos dando todo de nosotros mismos. Mientras transitamos nuestro camino, celebramos que en ello cumplimos un doble designio: de servicio y de transformación personal porque sabemos que somos un todo en la parte y que nuestro hacer constituye algo más grande, es nuestra colaboración para la evolución de la historia de la humanidad.

Entrégate a tus tareas diarias al máximo, sin evasivas, ni excusas, ni por obligación o coacción; entrégate únicamente por la consciencia del amor hacia lo que profesas y que revela lo mejor de ti. En este estado de autoconocimiento, propia valía, deseo y convicción de vida lograrás unir en armoniosa alianza al destino y al libre albedrío. Difícilmente serás desviado del camino ya que éste, reiteradamente en una Espiral del Yo, estará a tu servicio otorgándote todo lo que requieras para cumplir tan preciado cometido. Entonces obtendrás serenidad y felicidad interior.

En tal estado de gracia cultivarás tus singularidades y características personales rebosantes de recursos para llevar a cabo la tarea de vida y descubrirás la magia de hacer. Desde el centro de tu ser proyectarás. Recuerda: Todos somos libres.

Desde la libertad de llevar a cabo lo que sentimos genuinamente descubrimos el valor de avanzar, salir y dar la pelea, pese al miedo.

Con el valor adquirimos la firmeza para llevar a cabo la acción aun cuando no estemos seguros de poder lograrlo. La firmeza es una cualidad poco común que engrandece y fortalece nuestro deseo certero de seguir, con esfuerzo sostenido, hacia lo que queremos.

La firmeza barre toda falsa creencia, auto engaño consolatorio, necesidad de controlar y, por lo tanto, toda expectativa fija y absoluta. Parece una paradoja, pero nuestra firmeza sabe perfectamente que no hay garantías de nada y apuesta aun sabiendo que puede perder. Ya aprendió que si no arriesga tampoco tiene probabilidades de ganar. Quien es fiel al deseo firme de su alma, acepta, propone y apuesta cuando otros se paralizan y esperan, cobardemente, cambios externos que le garanticen que pueden ganar. Sin embargo, el valiente sabe que solo invirtiendo alcanzará a aquellos que están mejor y superará a los otros que compartían igual nivel que ellos y que ahora, inevitablemente, quedarán atrás. Seguramente te acusarán de temerario. No saben que al temerario no le importa nada, ni su propia vida, el valiente teme y valora.

Si eres capaz de ver orden allí donde todos ven caos, avanzarás sin perder de vista tu propósito ni por un solo instante y con valentía estarás dispuesto a darle cara a las inevitables vicisitudes propias de toda transformación.

Tras la austeridad de un sostenido esfuerzo darás a luz tu objetivo y surgirá el luminoso resplandor y alcanzarás la gloria…

…Serás como la rama de un árbol preñado de frutos.



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