¿Cuántas veces te has sentido sin esperanza?

nunca perder la esperanza 3 Marcelo y su mamiCuando me invitaron a participar en la celebración del Día del Niño para las princesas y superhéroes de la Unidad de Terapia Antineoplásica (UTAN) del C.M. Dr. Guerra Méndez, ubicado en Valencia, sentí que mi familia y yo podríamos aportar nuestro granito de arena para los niños, niñas y adolescentes que luchan cada día como verdaderos guerreros contra el cáncer. El destino quiso que la charla llevara por nombre «Paz, Amor, Fe y Esperanza». Y precisamente todo lo que entregamos ese maravilloso día fue muy poco si lo comparo con las cuatro lecciones que esos seres humanos nos dejaron:

  1. Vivir en paz: Qué alegría ver a tantas personas que sin distingo de ningún tipo, ponen sus talentos al servicio de otros, persiguiendo un propósito mucho mayor que no es más que contribuir a la recuperación de los niños. En este equipo no hay tiempo para discusiones estériles, todos fluyen con lo que hay y con lo que cada quien es capaz de aportar; no hay juicios personales entorpeciendo las actividades; no hay egos tratando de colocarse por encima de los demás. Todos cohabitan en paz en el mismo entorno y compartiendo los mismos problemas, todo pasa a ser secundario porque tienen una causa superior. Lo más importante es que esos pequeños logren vencer al enemigo que los ha invadido. La paz interior solo es posible cuando aceptamos nuestras vivencias, las abrazamos y fluimos con ellas. Todos en esa sala me enseñaron que lo importante no es el diagnóstico, sino lo que cada uno hace con él. Saben que los médicos hacen su ciencia, Dios hace lo suyo y ellos aportan su actitud pacífica y positiva que les permite pensar con claridad y escuchar su intuición y corazón.
  2. Dar amor: “Cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo…” reza el poema de Andrés Eloy Blanco. Sentir el amor en esa sala fue algo incomparable; esos ángeles tenían padres y madres por doquier: algunos con bata, otros vestidos de payasitos o repartiendo comida y todos, sin excepción, cuidando de ellos, no solo ese día, sino todos los días que asisten a sus terapias clínicas y también a sus terapias de amor que son necesarias para llenarlos de esa energía mágica que les permitirá salir airosos en su camino. El amor es el combustible que alimenta nuestros corazones y con un corazón bien alimentado nuestros pensamientos se vuelven más positivos y agraciados. El amor mueve el mundo, y la UTAN es movida por el infinito poder del amor de todas las personas que hacen vida allí.
  3. El valor de la fe: Hace pocos meses, un bebé llamado Marcelo tenía un cuadro médico difícil, continuar con las terapias clínicas resultaba muy doloroso para él. El equipo médico y su madre decidieron darle fin a las terapias y darle más vida a sus días. Todo estaba en manos de su mami y de Dios. Marcelo pudo disfrutar de la celebración del Día del Niño con energía, alegría y vitalidad asombrosas. Su madre está feliz y la UTAN en pleno sabe que cuando la medicina y la fe trabajan juntas ocurren cosas extraordinarias. Él es el ejemplo vivo de ello y gracias a Dios continuaremos viéndolo jugar y crecer con su alegría desbordante y contagiosa. Marcelo es un milagro en proceso de realización.
  4. Nunca perder la esperanza: La vela cuya luz y calor abrazamos en los momentos más difíciles, termina por ser suficiente para encender las velas del amor, la fe y la paz. Esa vela iluminó toda la sala en los ojos de esos ángeles, en los que brillaba radiante y efervescente la luz de la esperanza. A los guerreros: Rosibel O; Raúl D; Oscar E; Luisa M; Jesús M; Iranellys Y; Esteban R; Diego R; Deiker R; Daniel G; Sara S; Ricardo N; Ricardo A; Osman; Nathaniel Z; Maximiliano G; Marcelo B; Marcela O; Luis S; Luis D; Keynerlin B; Karla D; Karina G; Jesús N; Javier R; Isacar B; Gabriel G; Francesco C; Fabián A; David L; Daniel A; Crhistal G; Brian L; Ángelo F; Alnany V; Alcidez V; Abrahans A y Daniel A, iluminen a todos a su alrededor con la luz de la esperanza que hay en sus ojos y que habita en sus almas. Denle luz a sus familias, doctores y gentiles cuidadores.

En honor a las princesas y superhéroes de la UTAN

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