¿Cuánto realmente confesamos las madres sobre la maternidad?

Ser madre es maravilloso pero no todo es color de rosa y evidentemente en el proceso de aprendizaje de las mamás primerizas comenzamos a experimentar sentimientos que muchas veces no comentamos con nuestros conocidos por temor a ser juzgadas o etiquetadas como malas madres (o a veces consideradas mal agradecidas).

La maternidad siempre será un tema controversial y hablar de lo que no confesamos las madres aún más, ya que supone que al exteriorizar nuestros miedos o los sentimientos que nos genera la crianza, los demás podrían pensar que nos quedó grande el hecho de ser mamá. La maternidad es un cambio drástico en la vida de toda mujer y como tal, requiere de tiempo para adaptarse. ¿Te sientes cansada de hacer tantos teteros, cambiar pañales y no dormir de noche? ¡Bienvenida al club! No te sientas culpable, lo que experimentas es natural.

Estas son algunas de las emociones que experimentamos o pensamos las madres y tememos decirlas a las personas que nos rodean porque la sociedad nos impone que al manifestarlas es de suponer que no queremos a nuestros hijos:

  • Te sientes agobiada con tantos consejos (que estoy consciente vienen con la mejor de las intenciones) y nunca, pero nunca, te atreves a decirle a todas esas personas ¡STOP! “No quiero más consejos, déjenme vivir la maternidad a mi manera, actuar de acuerdo a mis instintos y tener mis propias experiencias”.
  • Tu cuerpo no es el mismo y tu peso tampoco. Eliminar esos kilos de más se está convirtiendo en todo un desafío. Extrañas inmensamente esa silueta que tenías antes del embarazo y nada de lo que haces por recuperar esa figura parece funcionar. En tu mente hay un único pensamiento: “Quiero mi peso de soltera. Me quiero ver como antes”. Tu bebé no es el culpable. Es cierto que el organismo sufre cambios considerables cuando entramos en el proceso de gestación pero con fuerza de voluntad, una alimentación balanceada y ejercicios, podrás llegar a tu peso ideal. Quizás no al que tenías antes de ser mamá, pero sí a un dígito que satisfaga tus necesidades. Recuerda que lo más importante es estar saludable.
  • ¿Y qué decir del sueño? O más bien de la falta de sueño. Tratamos de mostrarnos siempre felices y radiantes aún después de intensas jornadas nocturnas con nuestro querubín, pero detrás de esa careta hay un cansancio terrible y muchas ganas de dormir sin interrupciones. Lo único que deseas es correr lejos y buscar una habitación donde reine el silencio. ¡Tranquila! Pronto tu bebé ajustará su reloj, pero tú puedes ayudarlo. Hay muchas técnicas, investiga y prueba hasta que consigas una que te funcione.
  • Sentir que perdiste la independencia y los logros obtenidos en el campo laboral por estar sumergida entre cuatro paredes es normal, pero con planificación poco a poco podrás retomar lo que dejaste pausado. La buena noticia es que los niños crecen y en menos de lo que te imaginas estarán grandes y tú te sorprenderás queriendo regresar el tiempo para tenerlo nuevamente entre tu regazo para darle el biberón.
  • No estar vestida a la altura de los eventos y preferir las zapatillas de bailarinas en vez de los tacones de 14 cms es otra de las cosas que aturde en gran medida a las nuevas madres. Quizás hoy ya no te arreglas tanto como antes, porque tu atención está centrada en alguien más que ahora acapara toda tu atención, pero debes darte cuenta de que eres mamá y también eres mujer. Debes buscar el equilibrio y recuperar a esa mujer sensual, divertida, audaz y creativa. ¡No te quedes en el aparato!

En fin, estás pasando por una etapa de cambio en tu vida y pedir ayuda no es un pecado. Conversa con tus amigas, establece tu grupo de apoyo y verás que no eres una especia rara. Ahora hay un auge de comunidades de madres que están para conversar sobre esos temas que tanto nos agobian. Saber que no estamos solas es bueno.



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