Cuentos de librería: pequeños entre letras

Los niños son el toquecito alegre de la librería. Allí tenemos un lugar especialmente para ellos, una mesa, dos sillitas y todos los cuentos o libros de actividades que quieran. Además, tres peluches: una mantarraya, un oso y Tyrone (un Backyardigan).

Tratar con niños no es fácil, pero la recompensa es enorme aunque sea en medidas pequeñas. Suelen ser muy tímidos al entrar, es cuestión de que se sientan en confianza para preguntarme por el precio de algún libro y si les puedo enseñar algo de hadas o dinosaurios. No hay nada mejor que buscar con ellos, escucharles hablar sobre lo que ven.

El fin de semana de Halloween planeamos hacer una actividad especial. Algo que me atrapó de la librería, aún siendo cliente, es el espíritu pro cultura que vive allí, ahora me enorgullece decir que soy parte del equipo organizador. Esta vez nos dejamos caer en Edgar Allan Poe por lo oscuro de sus relatos para una tarde/noche literaria.

La idea principal era que asistieran jóvenes y adultos, Poe realmente no es nada infantil. Pero también pensamos en actuar un cuento de terror de un librito Alfaguara, para los niños que asistieran, nunca dejamos a los pequeños por fuera.

Llegó el día, todas nos disfrazamos, maquillaje en la cara, cicatrices, base blanca, pintura negra alrededor de los ojos. Apagamos casi todas las luces y colocamos velas prendidas entre los estantes. El lugar se veía hermoso, todo era temático, sólo faltaba el público para comenzar a leer El gato negro.

librerias-ninosA medida que pasaban los minutos, entre una cosa y otra, no nos percatamos que en vez de adultos, las sillas se llenaron de niños. Nos tocó hacer de Poe una versión para ellos, más la improvisación divertidísima de otros cuentos infantiles además del que teníamos pensado. Los niños tenían expresiones de tensión y al final explotamos todos de la risa, terminaron sin zapatos, jugando con las linternas para hacer muecas de terror, les pintamos las caritas y comimos caramelos.

A pesar de que esta vez esperábamos más adultos en vez de niños, no solemos descuidarlos. No es la primera vez que terminamos todos siendo pequeños entre letras. En la librería nos place fomentar su formación, por eso su espacio especial, por eso los tres peluches que, a veces, se sientan a leer con ellos.

Promover la cultura en un país donde muchos consideran que no es importante, es realmente una tarea titánica, pero es posible hacer que desde los niños hasta los más grandes, se lleven bien con la lectura…

Y la verdad, no es nada aburrido.



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