Cuentos de librería: cada cabeza es un mundo

Recomendar un libro es una responsabilidad tan grande como recomendar algún medicamento. Uno nunca sabe quién es alérgico a las historias de amor, a las novelas de época, a los libros de autoayuda.

Hay personas que llegan a la librería sin la más mínima idea de lo que quieren leer, entonces es mejor afincarse en el cuestionario de seguridad. Tal cual el médico pregunta por los dolores antes de recetar, yo pregunto por lo último que ha leído, cuál es el tipo de libros con el que se siente mejor o qué le gustaría, y como esperando el grito de partida, va creciendo la pila de recomendaciones en el mostrador.

Una mañana llegó un señor de traje gris hablando por teléfono, se le notaba despistado, preocupado. Movía las manos según lo que decía y caminaba de pasillo en pasillo hasta que colgó. Me dijo, como apartando el problema que le perseguía, que entró porque buscaba un libro para su hija de 16 años, yo me fui directo al cuestionario, pero me dijo: «Ya va, yo la llamo y tú hablas con ella». Por alguna razón desde que trabajo aquí no hay espacio para la pena, yo hasta he cantado con la librería llena, he recitado un poema que no era mío y me he reído bien fuerte de cualquier cosa. Por eso este tipo de situaciones no me acorralan, respiro hondo y pienso bien para no fallar cuando confían en mí sin conocerme.

Una voz simpática me saluda, me dice que busca una historia para enamorarse, algo ligero pero bien escrito y un par de requisitos más. En eso se me activa el modo mamá en el supermercado, voy pasillo por pasillo buscando, y lo que me parece bien lo agarro hasta que los brazos no me dan.

cuentos-libreria-cabezaEl orden de arriba hacia abajo fue: Blue Label, porque Rugeles me tuvo detrás de sus páginas dos día seguidos y me rompió un poco el corazón, para bien. Crepúsculo porque a mis 16 años también me gustó Edward Cullen, más allá de lo mucho que me desilusionaron las películas, y tomando en cuenta que la saga es una historia de amor, no de vampiros. Cien años de soledad por clásico, porque Gabo es eterno y es casi imposible no enamorarse de los Buendía. Mathías Malzieu porque puede elegir entre La alargada sombra del amor, La mecánica del corazón y Metamorfosis en el cielo. El amor en los tiempos del cólera que ya lo dice todo, y como extra, La chica del lago de Steph Bowe.

Cuando me quedé sin aire luego de haberle dicho las opciones, me preguntó, como si no me hubiera escuchado, como si ya lo hubiera tenido claro desde la primera vez que llamó: «Disculpa, ¿qué tienes de Paulo Coelho?», el dicho de «cada cabeza es un mundo» nunca había sido tan cierto. Y mientras le decía título por título (que ya me los sé de memoria) iba guardando los recomendados. Se terminó llevando Verónika decide morir.

A pesar del trabajo que dé recomendar libros, es una de las cosas que más disfruto en la librería (aparte de recibir pedidos, pero ese es otro cuento). Con el tiempo he aprendido a diferenciar los gustos de cada quién y saber cual libro corresponde. Vivo arriesgándome a sugerir el libro equivocado y provocar alergia de letras, pero también a ver volver a los clientes con la satisfaccion de todo lo contrario.

Y eso, hace que todo esfuerzo, valga la pena.

 



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