Cuentos de librería: el hombre que no vino a comprar libros

Soy fan de las sorpresas (de las buenas, claro) y afortunadamente en la librería hay mucha magia como para no apostar por ella.

Yo no sé si el amor está en todas partes, pero aquí ha venido muchas veces. Ese día, por ejemplo, entró un señor sin ninguna intención de comprar libros.

Buenas tardes, ¿venden papel de regalo?

Es cómico, aquí siempre me preguntan si vendo periódicos, sacapuntas, estampillas y cualquier otra cantidad de cosas que no tiene que ver directamente con libros.

No vendemos, pero si necesita envolver algo podemos ayudarlo.

El señor sonrió y pasó hasta donde se envuelven los regalos. Tenía en sus manos una caja en forma rectangular.

¿Es para una dama o un caballero? Para saber de qué color ponemos el lacito.

Es para una dama.

Creo que lo más bonito de las sorpresas es la emoción. Esa noticia que tienes en la garganta, que casi te explota y que necesitas compartirla porque no aguantas. Algo así le pasaba a él.

El regalo es un rompecabezas para mi novia, que odia los rompecabezas.

Pero ¿por qué le vas a regalar eso si no le gusta?

Es que adentro está el anillo de compromiso.

Lo único que siempre lamento de las cosas hermosas que pasan aquí, es que no vuelven para contarme el final.

Ojalá le haya dicho que sí.



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