Cuentos de librería: Sentimientos de regalo

Por más que busque no encuentro un recuerdo de alguien enseñándome a forrar un regalo, hasta que empecé a trabajar en la librería.

Fue entre los primeros días de estar allí que me dijeron «Paola, este libro es para regalo», y yo ni idea de los malabares que se hacen para que el resultado sea bonido. Menos mal que cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo, y también para irlo mejorando.

Lo que más me costó, por supuesto, es esa vueltica que se hace arriba y abajo del regalo para que no parezca un caramelo.

Al principio forraba entre dos, mi compañera me ayudaba y ya luego me dejaba sola, y entendí la diferencia entre doblar y doblar bien. La importancia de no malgastar el teipe y que no se arrugue.

Luego quería forrar todos los libros que eran para regalo. Y ahora, a casi un año de haber aprendido, me he puesto a pensar más allá de lo que estoy haciendo.

Todo empieza cuando alguien dice “Estoy buscando un libro para regalo, pero no tengo idea”, entonces preguntamos lo necesario para buscar un libro que le guste. La edad, por supuesto, y ya nos vamos a una sección. Los intereses, y ya buscamos mínimo 3 títulos por cada característica que nos digan.

Si le gusta las historias noveladas, Ken Follet, Carlos Ruiz Zafón y Javier Moro, por ejemplo. Si prefiere una lectura de aeropuerto, Mara Torres, Marc Levy o Elizabeth Gilbert. Si prefiere los clásico, tenemos el primer estante, la segunda repisa de arriba para abajo.

He envuelto cantidades de libros ya, muchas Sombras de Grey, incontables libros de autoayuda, Los incurables de Federico Vega, shutterstock_92642908de Murakami, política, novelas, maternidad, amor, terror, autoestima, música, historia, tristeza, superación.

Estoy envolviendo sentimientos, no sólo libros para regalo.

Ahora, cuando voy forrando no sólo doblo el papel, sino que pienso si le gustará a la persona que va a recibirlo, si lo leerá completo, si va a prestárselo a alguien más, si va a recomendarlo. Incluso si va a agradecerle a quien se lo regaló, y si ese alguien volverá y nos contará que fue una buena idea.

Le pongo el lazo, el marca libros y una calcomanía, meto el libro en la bolsa, que ya no es un libro sino un detalle, y cuando lo entrego a quien lo compra, pienso que ojalá le vea la sonrisa a quien lo recibe, que indudablemente siempre es la mejor parte de los regalos.



Deja tus comentarios aquí: