Cuida tus recuerdos

Cuida tus recuerdos

Hace unos días leí una entrevista memorable en La Vanguardia de Barcelona con el psicoanalista Francois Ansermet, Director del Departamento de Psiquiatría Infantil del Hospital de Ginebra. Una pregunta en particular captó mi atención. Consultado sobre el poder que ejercen los recuerdos en nuestra mente, Ansermet respondió: “Los resortes de la memoria están en nuestras manos. No podemos cambiar los hechos, pero sí el modo en que los interpretamos y los recordamos, y por tanto, cómo nos influyen. Podemos así modificar también cómo los sentimos y nos afectan.”

En dos platos: los recuerdos pesan sobre nuestra salud mental, sobre todo, por lo que hacemos con ellos en el momento presente.

Ansermet es parte de una corriente que busca acercar la neurociencia y la psicología. Uno de sus conceptos favoritos es la plasticidad cerebral, esto quiere decir, la capacidad que tienen las neuronas de establecer nuevas conexiones a medida que vivimos diversas experiencias y memorias. Se ha comprobado que existe un elaborado proceso molecular donde los estímulos externos, pero también los recuerdos, dejan una “huella” que paulatinamente dibujan un “mapa” en nuestro cerebro. Y así como la repetición de una actividad motora afina una habilidad, digamos tocar la guitarra, cuando rumiamos nuestros recuerdos profundizamos esa huella mental y las reacciones conexas. Si hablamos de recuerdos agradables, los sentimientos asociados serán placenteros. Pero si son malos… ya sabemos el infiernito que los acompaña.

Este fenómeno abre una interesante ventana a la sanación. Porque si aceptamos que no podemos modificar los hechos, entonces podemos cambiar la forma de revivirlos. En la psicología budista el camino es observar pensamientos y recuerdos, sin engancharse en las sensaciones que arrastran, para dejarlos desaparecer en el continuo del presente.

Ansermet propone otra ruta: “El fundamento del psicoanálisis es que (la memoria) se moldea, como todo el cerebro. Al evocar una vivencia y reinterpretarla la volvemos a inscribir en la memoria de forma diferente”.

Tiene razón aquel viejo bolero: recordar es vivir. Y así como cuidamos la vida nos toca cuidar esos recuerdos por el efecto que tienen en nuestra calidad de vida. No es solo asunto de preservarlos, sino también, de no ser sus víctimas.



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