Dale más tiempo a los buenos momentos

La imagen era de película: mi hija menor corría en la playa y los últimos rayos de le pintaban la piel con un tono amarillo-felicidad. Hice una breve pausa en mi labor de tractor humano al servicio del castillo de arena de mi hija mayor, sonreí, y volví a concentrarme en el foso de los cocodrilos y el muro de defensa. Entonces reparé en un detalle: había dedicado un par de segundos a aquella postal irrepetible.

¿Le dedicas el tiempo suficiente a las imágenes y los momentos de belleza?

En la carrera de los días es común que pasemos por alto las maravillas que nos rodean. Y también, que les demos un vistazo y luego desviamos la atención hacia cosas más urgentes o triviales. ¿Por qué perder la oportunidad de llenarnos de ese presente? Detener nuestra atención en esos momentos nos ayuda a conectarnos mejor con lo que nos rodea, pero sobre todo, nos abre la puerta a un verdadero bienestar.

¿Has notado la sensación física que acompañan esos instantes? Piensa en el abrazo de un ser querido, un amanecer claro o una fotografía que te atrapa y te abstrae del entorno. En ese momento de belleza y goce ocurre algo fabuloso en tu cerebro: dispara un torrente de hormonas y teje una red de conexiones que te hacen sentir feliz. Y en la medida que mantienes la atención allí, en la fuente exterior de felicidad, esa emoción se hace más sólida y profunda en tu mente.

¿Por qué entonces retirar la atención al cabo de unos segundos? Deja que esos instantes, esas imágenes, esas oportunidades de conectar con lo mejor de la vida, se expandan y echen raíces en ti. Es una forma de convertir el presente en tu mejor compañero de vida. Cuando internalizamos lo bueno nos llenamos de una cantidad de emociones y recuerdos positivos que balancean nuestro estado de ánimo y nos servirán luego para sobrellevar etapas más difíciles.

La próxima vez que veas algo que te eleva, haz el esfuerzo consciente de mantener la atención por unos segundos más de lo que normalmente harías. Saborea la experiencia y siente como va permeando hacia lo más profundo. Y antes de volver a engancharte con el río de estímulos del día a día, piensa que tienes en la reserva emocional otro tesoro que puedes visitar más adelante, con sólo recordarlo. Verás que es un antídoto contra el mal humor.

Yo por mi lado tengo muy fresca esa imagen de mi hija, dorada por el sol, corriendo hasta alcanzar unas algas que flotaban en la rompiente. Ella era la jardinera del castillo y ahora tenía el material perfecto para trabajar. Por supuesto, clavé los ojos en su carrera. El pozo de los cocodrilos podía esperar unos segundos más.



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